Chapadmalal

Juventud en marcha

 

El veranito cordobés en las carteleras de nuestros cines está a punto de terminar (De Caravana seguirá hasta el miércoles en los Cine Gran Rex y Dinosaurio, cita obligada para quienes no la vieron), aunque deja la fuerte promesa de repetirse en el futuro cercano (este año se estrenará la excepcional Yatasto, de Hermes Paralluelo, y ahora mismo hay un cordobés compitiendo en Cannes – ver HDC de la víspera-), y los estrenos vuelven a estar dominados por la misma nacionalidad, cuyos temas y modelos narrativos resultan cada vez más extraños a la realidad social y cultural que respiramos todos los días. Por suerte, el cine sigue creciendo en los centros alternativos de difusión, y los amantes del séptimo arte podemos encontrarlo todas las semanas: la crítica tiene la obligación explícita de hacerlo, pues debe privilegiar aquel cine que puede pasar desapercibido para la sociedad, sea por carencia de marketing, sea por la invisibilidad a la que lo condena la hegemonía norteamericana, más allá incluso de la calidad artística que ostente cada película (pues, vale recordarlo, los modos de producción no garantizan absolutamente nada).

Esta semana viene al caso anticiparse entonces al estreno de Chapadmalal  (Argentina, 2009), de Alejandro Montiel, que tendrá lugar el jueves en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (donde se proyectará hasta el domingo en doble programa con Conocerás al hombre de tus sueños, de Woody Allen). Documental de índole básicamente observacional, con un fuerte sesgo periodístico incluso, Chapadmalal pertenece a una especie de subgénero del cine argentino nunca reconocido oficialmente como tal, acaso por las pocas películas que incluye, aunque definitivamente identificable: los documentales (y por qué no también películas de ficción) sobre los centros turísticos de nuestro país, entre los que resalta la excelente Balnearios (2002), de Mariano Llinás. Su particularidad, empero, no está tanto en su contexto geográfico como en los protagonistas que filma, jubilados de diversas partes del país que viajan en los programas turísticos ofrecidos por el PAMI, en este caso a la localidad costera que da título a la película, que efectivamente registra el período vacacional de un contingente en el Complejo Turístico Chapadmalal. El resultado es un filme pleno de humanidad y buen humor, que en su registro esencialmente popular logra rescatar historias de vida reveladoras sin caer en sensiblerías, golpes bajos o la típica demagogia supuestamente reivindicadora de productos semejantes. Los momentos iniciales del filme sirven para situar al espectador: un plano general sostenido del mar da lugar a otro similar del complejo turístico, seguidos de planos fijos de los espacios internos del hotel, que acaso logran atrapar también esa aura misteriosa que suelen tener los pueblos de la costa argentina, sobre todo cuando están vacíos. A los pocos minutos veremos al director y el equipo técnico charlando con los primeros visitantes, y las reacciones de los abuelos al saber que se filmará una película, indicios de un documental reflexivo que no llegará a ser tal, pues el cuerpo del filme será pronto ocupado por estos jubilados, siempre predispuestos y joviales, que asumirán el protagonismo del registro: a través de primeros planos siempre fijos, ellos narrarán sus historias y hablarán con soltura elogiable de sus más íntimos pensamientos y de las preocupaciones que los acosan. Lo singular del filme se encuentra precisamente en la intimidad lograda por Montiel, capaz de rescatar momentos luminosos y reveladores de cada entrevista, donde si bien se repetirán casi obsesivamente algunos temas (el paso del tiempo, la muerte, el amor, la nostalgia, la viudez y la maternidad), se irá construyendo un microcosmos capaz de desmitificar de manera definitiva los prejuicios existentes sobre la ancianidad, que resultará más viva y apasionada que cualquier otra edad.

Sin innovaciones técnicas o formales, el gran acierto del filme es darle un protagonismo excluyente a estos septuagenarios, sin menospreciarlos ni tampoco idealizarlos, sino brindándoles un espacio de diálogo donde puedan expresar su humanidad: el cine como un lugar de encuentro, donde estos seres sorprendentemente libres pueden hablar de sus pasiones, sus esperanzas, sus dolores y sus sueños por cumplir. Son testimonios que, en su libertad, trascienden toda posible manipulación (incluso la más elemental: los realizadores intentando dirigir las entrevistas desde fuera de campo), y que constituyen el mejor espejo donde poder mirarnos a nosotros mismos, algo que casi ningún filme norteamericano está en condiciones de ofrecer (y que ni siquiera el montaje, que parece privilegiar a los entrevistados más pintorescos, consigue empañar).

Por Martín Ipa

Published in: on 18 mayo, 2011 at 0:19  Dejar un comentario  

Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo

El cine mediocre

 

El cine argentino sigue colmando nuestras carteleras cinematográficas, un logro que tiene poco que ver con la política de programación de las salas comerciales (que, más bien al contrario, suelen dificultar el estreno de filmes locales: ver el caso de De Caravana, que en los Cines Rex figura en un solo horario, y cuyo programa de TV – El Pochoclo- ni siquiera la tuvo en cuenta en los comentarios de sus estrenos semanales), y se debe sobre todo al trabajo apasionado de realizadores, productores y la comunidad cinéfila en su totalidad. Claro que, a excepción de casos puntuales -como pasó con alguno de la reciente ola de estrenos cordobeses-, la mayoría de los filmes argentinos que nos llegan a los grandes complejos cinematográficos suelen tener un sesgo específico, una pertenencia estética y narrativa que los emparenta al cine comercial (una categoría por cierto caprichosa, que puede esconder un mundo de heterogeneidad, pero que sí se aplica a esta realidad) que semana a semana se reproduce en las mismas carteleras. El cine independiente y joven suele estar bien lejos de aquí, y con suerte llegará a alguna sala del circuito alternativo.

Lo cierto es que, pintado así nuestro panorama cultural, no resulta extraño que la dupla formada por Mariano Cohn y Gastón Duprat pueda ser considerada como exponente de un cine alternativo, incluso “original”, que se desmarca del canon cinematográfico hollywoodense, aunque en realidad sea todo lo contrario. La nueva apuesta de los creadores de El artista (2008) y El hombre de al lado (2009), titulada Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, en base a un cuento homónimo de Alberto Laiseca (también protagonista del filme), es una confirmación más de esta hipótesis, a pesar de los planteos filosóficos que logra balbucear. Es más, se diría que el filme puede tomarse como ejemplo paradigmático del cine de los directores, ya que por un lado constituye su apuesta más ambiciosa en términos de riesgo y búsquedas estéticas, y por el otro llega a exacerbar hasta el paroxismo sus peores defectos, lo que no deja de constituir una reveladora paradoja (pues indica los límites de su cine). El desprecio es nuevamente aquí el eje del filme: desprecio de los directores por sus criaturas, por sus circunstancias, y por sus límites existenciales. No parece haber otro modo de relación de Cohn y Duprat (a los que habría que agregar a Andrés Duprat, coguionista de la película) con los temas que abordan en sus obras y con sus personajes, a pesar de que ese desprecio pueda quedar camuflado como crítica social, cultural o política, según las circunstancias.

Lo cierto es que, aquí, su típica misantropía se potencia al retratar la existencia del hombre común, al que los propios directores denominan “mediocre”: nuestro protagonista es Ernesto (Emilio Disi, notable), un ser aplastado por una vida de restricciones y falta de horizontes, que sin embargo recibirá, a los 60 años, una oportunidad impensada. Ocurre que el filme es una fábula, donde un hombre inmortal con poderes extraños, tal vez el mismísimo Diablo (Eusebio Poncela), le ofrecerá a Ernesto un trato excepcional: darle un millón de dólares a cambio de que vuelva a vivir diez años de su vida, con la conciencia y la sabiduría que tiene en la actualidad pero el cuerpo del momento al que él mismo decida regresar. Narrado por el propio Laiseca (interpretándose a sí mismo), en una interesante propuesta metalingüística donde los directores buscan problematizar los límites entre realidad y ficción (y llegan a insinuar, con cierta hipocresía, la posible independencia entre creador y criatura), el filme irá recorriendo así diferentes destinos de Ernesto en su biografía, donde su propia pequeñez y cobardía lo llevarán a arruinarse una y otra vez: primero, produciendo un Gran Hermano casero (en el que acaso sea el mejor momento del filme), luego plagiando a John Lennon, y así sucesivamente. Todo, con los comentarios irónicos y gozosamente ácidos de Laiseca.

Si bien dicho humor negro llega a funcionar por momentos, el filme termina componiendo una suerte de festival de maltrato a Ernesto, blanco inconsciente de unos demiurgos por cierto crueles que (se y nos) proponen disfrutar con sus desgracias, sus miserias y sus pequeñeces. La traducción estética de semejante disposición es, como en El hombre de al lado, una apuesta por el cine de “diseño”, aquí más sutil pero detectable desde el inicio, donde un plano general de un árbol en una planicie campestre con varias cabras subidas a sus ramas ya da el tono fabulesco de la película. Claro que la estetización de la miseria ajena no es incongruente con la postura cínica de los directores, más bien constituye su correlato lógico, que por cierto no sirve más que para demostrar la propia pequeñez de su propuesta, tan mezquina como su protagonista.

Por Martín Ipa

Published in: on 10 mayo, 2011 at 22:45  Comments (1)  

De Caravana

Cine popular y cordobés

 

La ola de estrenos cordobeses llega a su fin con la que acaso sea la película más emblemática de todas: De Caravana, estrenada el lunes en la Ciudad de las Artes (y a partir del jueves en los Cine Rex y los Complejos Dinosariuo), es la que asume con más énfasis el desafío de mostrar, pensar y explorar la identidad cordobesa, tanto desde sus íconos culturales como también desde sus calles, sus lenguas, sus códigos internos, sus cuerpos y signos identitarios. Es todo un logro, casi se diría un prodigio viniendo de un director debutante, que Rosendo Ruiz lo haya logrado sin soluciones fáciles, sin caer en estereotipos racistas, la demagogia publicitaria o en tentaciones televisivas: De Caravana no es un filme populista, que intente explotar nuestro imaginario cultural y sus figuras mediáticas, sino todo lo contrario, una película legítimamente popular que explora e indaga algunos de los mitos que nos constituyen, desde el formato de un filme de género (o de varios géneros, pues abarca tanto la comedia romántica como el thriller).

La celebración es doble porque De Caravana confirma que el cine cordobés no sólo está en marcha, sino que además goza de muy buena salud. Los tres estrenos presentados hasta ahora, a los que en la segunda mitad del año se les sumará la excepcional Yatasto, demuestran que existe un futuro para nuestro cine, un horizonte impensado hace apenas unos años. Y De Caravana indica además que nuestras películas pueden ser populares sin volverse chabacanas, porque lo esencial radica justamente en cómo se filma aquello que se pretende mostrar: Ruiz lo hace desde el respeto y la igualdad, nunca desde la idolatría, la superioridad o la falsa (terrible) conmiseración. Se trata además de una decisión (tanto estética como política) central para la película, pues De Caravana es esencialmente una comedia (libertaria) sobre  la interacción de clases, un tema universal en la literatura y el cine adaptadopor Ruiz a nuestra cotidianeidad existencial.

Juan Cruz (Francisco Colja) es un joven fotógrafo de clase media alta que por una cuestión laboral debe ir a sacar fotos a un baile de la “Mona” Jiménez: allí no solamente descubrirá un nuevo mundo, sino que también conocerá a Sara (Yohana Pereyra), una bella joven habitué de los bailes del cuartetero. Su fascinación inicial se transmutará en pavor cuando, al otro día, se vea envuelto en una trama impensada a partir de la aparición de un mafioso apodado Mastor (Rodrigo Savina, excelente) junto a la travesti Penélope (Martín Rena, superlativo), que lo obligarán a entrar en el bajo mundo cordobés, donde se convertirá en una especie de mensajero y transportista a su servicio. Pero lo peor ocurrirá cuando el Laucha (Gustavo Almada, otro punto alto del reparto), ex novio de Sara, se entere de la aventura de la joven con Juan Cruz, y empiece a buscar venganza.

Desmitificadora y socialmente transgresora, De Caravana trabaja desde los arquetipos sociales pero nunca llega al estereotipo: su virtud está en la habilidad para explorar a los personajes, para profundizar en sus subjetividades, sus motivaciones y sus condiciones existenciales a medida que avanza el metraje. Acaso ayude no sólo el excelente desempeño de sus actores (la piedra fundamental sobre la que se asienta toda la película), sino también la capacidad de síntesis de Ruiz, que le otorga al filme un ritmo endiablado (y que demuestra un manejo importante de los detalles expresivos del arte dramático).

Así, tras un comienzo arrollador en un baile de la Mona (filmado de manera notable, en vivo), el filme avanzará a un ritmo acelerado sin detener nunca su marcha, pese a que la apuesta formal del director sea el plano secuencia y el plano fijo con encuadres amplios, que buscan aprovechar en toda su amplitud el espacio de la pantalla (sobre todo la profundidad de campo). Hay, claro, toda una filosofía detrás de este planteamiento estético, que intenta darle a la ciudad un protagonismo excluyente, pero sin componer postales for export: De Caravana atrapa en su trama y sus adyacencias gran parte de los desvelos de nuestra sociedad, de sus contradicciones, sueños, miserias y virtudes. Todo, con el humor siempre como centro luminoso de la película, un humor que no sólo busca reflejar la idiosincrasia cordobesa sino que tiene una clara función dramática y abarca además a otros referentes cinematográficos (sobre todo Almodóvar), aunque sin volverse nunca una parodia kitsch. Será porque Ruiz tiene también un gran manejo de los géneros, que le permite moverse con soltura tanto en la comedia como el drama o el suspenso, aunque sin perder nunca un gramo de personalidad.

Por Martín Iparraguirre

Published in: on 3 mayo, 2011 at 22:44  Comments (1)  

Entrevista a Rosendo Ruiz

Popular y cinéfila

 

El periplo de Cine Cordobés llega hoy a su tercera cita, acaso la más importante pues se trata de la película que con mayor vehemencia se ha propuesto explorar la idiosincrasia y la cultura local. Hablamos de “De Caravana”, de Rosendo Ruiz, tercer largometraje cordobés que hoy se estrenará, a las 19:30 y 21:30, en el Espacio INCAA Km 700, de la Ciudad de las Artes (Av. Ricchieri y Concepción Arenal), para iniciar un trayecto que promete ser auspicioso por el circuito comercial (desde el jueves se podrá ver en los Cines Gran Rex y en los Complejos Dinosaurio).

Secundada por el Premio del Público del último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, De Caravana se presenta así como una película destinada a hacer historia, capaz de abrir un camino nuevo para el cine local, pues reúne todas las condiciones para generar una fuerte repercusión de público. Conciente de ello, el propio Rosendo pedía a la gente en una entrevista que le realizamos en el programa Nadie Sale Vivo de Aquí (domingos de08 a10 AM, por Radio Nacional Córdoba), que “vaya a verla la primera semana, porque vamos a competir con Rápido y Furioso, Scream 4, Romeo y Julieta, y un par de tanques más, y en los cines comerciales los que mandan son los números, y la película que menos gente lleva, automáticamente la levantan”. “Juan Cruz, un fotógrafo de clase alta de Córdoba, tiene que sacar fotos en el baile del cantante popular, la Mona Jiménez. En este ámbito de costumbres desconocidas para él, descubrirá otro mundo, el de Sara, una joven atractiva con quien vivirá una historia de amor y una peligrosa caravana de aventuras”, adelanta la gacetilla.

A continuación, reproduzco la entrevista completa (en versión extendida de la nota publicada hoy en el diario Hoy Día Córdoba)

 

NSVA: ¿Cómo te sentís frente al estreno?

Rosendo Ruiz (RR): La verdad es que estamos muy contentos y con mucha expectativa de dar luz a la película acá en Córdoba, que empiece a circular y se encuentre con el público cordobés. Y viendo qué va a pasar en esta crecida de público, porque El Invierno de los Raros marcó un récord, el cuál Hipólito superó, y esperemos seguir así y llevar más gente todavía a ver cine cordobés.

NSVA: Hace unos meses hablamos porque De Caravana iba al Festival de Mar del Plata, lo que parecía un sueño hecho realidad, y no sólo fue allí sino que además se llevó un gran premio (Premio del Público) ¿Cómo viviste el proceso de crecimiento de la película?

RR: La verdad es que fue muy lindo, y llevó mucho trabajo, porque esto de hacer Cine Cordobés entre las tres películas fue realmente una decisión de ponerse las películas al hombro, de decir “se puede”, porque generalmente los productores y directores llegan hasta que se ha terminado la película y ha llegado a algún festival, y después quieren ponerse a hacer otras cosas; y dejan la vida de la película regalada a algún distribuidor que vaya a saber si algún día la estrena, con la excusa de que no me dan salas, de que hay tantas películas argentinas para estrenar, por ahí no te la estrenan nunca, o recién a los tres años en una sala perdida. Y nosotros dijimos que no podíamos permitir eso, ya veníamos trabajando juntos porque las producciones las hicimos en conjunto, entonces ya había un colectivo de trabajo. Hicimos un curso con un distribuidor de 791CINE, elaboramos una estrategia, empezamos a buscar contactos, y la verdad es que por suerte salió bien, porque el trabajo colectivo le sumó a cada película y a cada proyecto.

En cuanto a los festivales, estuvimos también en la Semana de la Crítica (Buenos Aires), en Toulouse y la verdad es que la vida de la película fue superando pequeños obstáculos: primero, el público nos apoyó en Mar del Plata, después no sabíamos qué iba a pasar afuera y yo fui a Toulouse y la gente la vio igual que en Mar del Plata, la pregunta era por los actores, particularmente por la “Mona” Jiménez, porque querían saber si era un personaje real o de ficción. Así que bueno, muy contento con la vida de la película, y ahora llega el gran momento.

NSVA: Claro, hay que decir además que es una película bien cordobesa, no porque esté la Mona, sino porque propone una interacción de clases muy particular…

RR: Sí, sin embargo eso no es lo que la hace cordobesa, porque problemas de clases, de amores y de involucrarse con gente que uno no conoce, sucede en todos lados. Yo creo que lo que pasa es que todo lo otro es lo cordobés: nosotros nos propusimos que la ciudad de Córdoba sea un personaje más. Entonces, pudimos mostrar la ciudad, la costanera, la General Paz, el Parque Sarmiento, la Rafael Núñez; y no renegamos nunca de la tonada, del cuarteto, ni del humor cordobés, al que pudimos darle una vuelta de tuerca, y nos dicen que la típica ironía de los cordobeses y sus chistes rápidos quedó muy bien reflejada. 

NSVA: En realidad mi comentario apuntaba a preguntarte por el posicionamiento estético que adoptaste para filmar esta interacción de clases, y para enfrentarte quizás al tramo más emblemático de la película que es el baile de la Mona…

RR: La posición ética y estética que tuvimos desde el comienzo fue filmar a los dos mundos de la misma manera, con el mismo respeto, con la misma distancia, con la misma altura de cámara, no sobrevaloramos uno sobre otro. Y ésa fue la propuesta, con planos largos, tratando de cortar lo menos posible, respetando la vida escénica que habíamos encontrado, y buscando dar la sensación de más verdad dentro de la ficción. No el estilo videoclip, ni tratar de generar sensacionalismo en el espectador a través de un montaje frenético. Trabajamos mucho en crear y recrear una historia, y después observar cada tramo de cada clase social con la misma tranquilidad de la cámara, con planos grandes donde los actores se muevan en los espacios. Esa fue la decisión, y tratamos de respetarla lo más que se pudo.

NSVA: ¿Los bailes de la Mona los filmaste en vivo?

RR: Sí, hubo una parte que recreamos en un rinconcito porque necesitábamos del diálogo de los actores cuando se conocen. Pero después todas las otras escenas fueron filmadas en bailes en vivo, con una logística muy trabajada con el equipo de la Mona Jiménez, en el Estadio del Centro un día y en el Sargento Cabral el otro, y la verdad es que todos colaboraron de una manera increíble y fueron unos días llenos de adrenalina porque había seis mil personas que se enteraron de que estábamos filmando, mientras nosotros éramos 30 o 40. Lo cierto es que los chicos del baile se portaron muy bien, porque había momentos incluso que nos encontrábamos dirigiéndolos, diciéndoles “por favor, no miren a cámara, miren a la Mona y hagan las señas de sus barrios”, y los chicos nos hacían caso, fue realmente muy linda la devolución de ellos.

 

NSVA: ¿Cuál fue el mayor desafío en cuanto a complejidad en la filmación?

RR: Fueron los dos bailes. Yo ahí a los actores les dije: “Miren chicos, yo la verdad es que estos dos días no voy a ser director, estoy en productor coordinando todo, ustedes saben lo que tienen que hacer, el camarógrafo sabe cómo los tiene que encuadrar. Entren, y sean ustedes, porque yo no los voy a poder ver”. No es lo mismo estar frente a un monitor mirando la toma, ya que no había monitor: confié mucho en Marco Rostagno en cámara, él sabía bien lo que queríamos. Iba él como punta de lanza detrás de los actores, y nosotros atrás formando un cono de gente protegiéndolo, y si bien podíamos ir mirando algo, no podíamos chequear nada. Era a lo que saliera, los actores la tenían muy clara y por suerte superó mis expectativas.

NSVA: Me hablas de los actores, y la verdad es que hay un trabajo muy importante que se nota en la película, y muy complejo porque hay muchos personajes que cobran protagonismo en diferentes momentos… ¿Cómo trabajaste con ellos, alguna vez me contaste que le habías dejado mucho espacio a la improvisación?

RR: Con los actores se trabajó el guión, estaba el guión, y con ellos, en base a lo que ellos querían y a trabajos de improvisación yo iba modificando el guión, íbamos encontrando al guión. Pero sobre todo trabajamos con Gustavo Almada, que hace el personaje del Laucha, pues él era el encargado de la dirección de actores, e hizo un trabajo muy importante -que hicimos juntos, pero él es que sabe más del tema, el que lo coordinó-, previo a la película, en donde nos pusimos a trabajar con técnicas de clown con el grupo de actores para encontrar las escenas y la vida de cada personaje. Y a la vez se iba modificando el guión. Una vez que comenzó el rodaje, los actores conocían muy bien al guión pero tenían la libertad de agregarle o sacarle cosas. Ellos no podían dejar de actuar hasta que yo dijera “corten”, por más que el guión ya hubiera terminado, ellos tenían que seguir en escena improvisando. Así que en esos momentos se encontró una vida muy rica entre ellos, porque cada uno llegaba al estudio y ya estaban metidos en sus personajes, porque yo les pedía que fuera así, que se relacionen con los técnicos y con el equipo desde sus personajes, para que los siguieran descubriendo. Así que fue un trabajo anterior muy importante, que a nosotros nos gusta mucho, nos divierte mucho, porque a mí también me gusta actuar, y yo creo que ahí encontramos lo que queríamos; y después en la seis semanas de rodaje, que estuvieron llenas de adrenalina, los actores se afinaron mucho y encima encontraron más cosas todavía.

NSVA: En alguna oportunidad me contaste que tu objetivo era gustarle al público común y también al cinéfilo, ¿Cómo crees que lo lograste?

RR: No sé, fue un poco arriesgado. Yo creo que la película tiene ritmo, que es lo que espera el público común, que está acostumbrado a un lenguaje norteamericano que tiene un ritmo acelerado. Y creo que nosotros hemos intentado, no sé hasta qué punto lo hemos logrado, darle el ritmo con la pulsación de las actuaciones, con planos donde haya mucha vida delante de la cámara. Y creo que el cinéfilo de hoy, una de las cosas principales que ve en las películas son las actuaciones, los planos secuencia, que no nos gustan los planos/contraplanos, que no nos gusta la música extra diegética, que nos gusta el registro de planos secuencia donde se capta la vida de la ficción, en donde hay la menor manipulación posible desde el montaje. Entonces, creo que en ése punto es como que pudimos gustarle. Ahora queda el desafío del público cordobés, la avant premiere fue muy importante y parece que le gusta también.

NSVA: El tono de comedia que buscaste es raro, porque si bien es muy cordobés, también tiene referentes extranjeros aunque muy queridos en Argentina, como Almodóvar

RR: Sí, la verdad es que cuando comenzamos a escribir el guión los mayores referentes que yo tenía era una cruza entre (Pedro) Almodóvar con (Quentin) Tarantino. Después, mi gusto fue mutando más hacia el cine oriental, y desde ahí vienen estos planos largos, esta cámara contemplativa, y la película fue mutando también hacia éste tipo de cine, más relacionado a Hon San So, Jia Zan-Ke, Abbas Kiarostami. 

NSVA: Claro, pero al mismo tiempo es una película que tiene un ritmo impresionante, porque empieza al palo y nunca se frena…

RR: También considero que hemos tenido mucha suerte, aunque como siempre digo a la suerte hay que laburarla, pero la hemos tenido y nos han ido saliendo las cosas y ha salido una buena película. Va, por lo menos es lo que nos dicen, ya que las devoluciones que hemos tenido han sido muy buenas. Como vos decís, la crítica en Mar del Plata y Toulouse, hemos tenido toda, pero toda, a favor, desde críticos como Quintín, (Diego) Lerer o de El Amante (Gustavo) Castaña. Y ganar el Premio del Público, la verdad es que todavía no entiendo muy bien cómo puede haberle gustado a los dos extremos.

Por Martín Iparraguirre

PD: “De Caravana” se proyecta desde hoy, al miércoles, a las 19:30 y 21:30 en el Espacio INCAA de la Ciudad de las Artes (Av. Richieri y Concepción Arenal). Desde el jueves, se podrá ver en los Cines Gran Rex y los Complejos Dinosaurio.

Published in: on 2 mayo, 2011 at 22:17  Dejar un comentario