Yatasto

La política en el cine

 

El cine no es tanto una cuestión estética como política: o mejor, la forma (la estética) es una cuestión esencialmente política, pues determina precisamente el modo en que el cine muestra (e interactúa con) el mundo. Yatasto es la demostración acabada de la naturaleza y del destino político del cine, en su más íntimo sentido, pues es un filme que (se) abre (a) nuevos horizontes, y que además es capaz de interactuar con un Otro absoluto construido por la sociedad.

Yatasto confirma así la misión libertaria del cine, pero no porque haga algún tipo de proselitismo (o porque tenga buenas intensiones), sino todo lo contrario: porque se anima a abordar su objeto de una manera política, es decir dialógica. Lo consigue sobre todo gracias a que Hermes Paralluelo piensa la forma en función de su objeto, y allí está su posicionamiento político: el gran logro de Yatasto es abordar un universo absolutamente estigmatizado desde el respeto y la sinceridad, y entonces se vuelve libertaria, simplemente porque logra habitarlo.

Hay entonces una voluntad antropológica en Yatasto, que surge del modo en que están dispuestos (pensados) los planos, ya desde la formidable escena de apertura, donde un aparente fundido a negro se revelará como una síntesis perfecta de las condiciones existenciales de sus protagonistas: niños que viven a la intemperie, que deben prender un fuego en la fría madrugada para vencer la oscuridad, y prepararse para lo que será una larga jornada de trabajo. La tercera escena los mostrará ya en acción: Bebo (15 años), Pata (14) y Ricardo (10), subidos a un carro que es su única esperanza de sobrevivencia, hablando y riendo como cualquier niño, pero con la necesidad de procurarse el pan de cada día. Se trata de un plano medio pero cerrado sobre sus tres protagonistas, que ocupan casi todo el frente de la pantalla, mientras que por atrás y a los costados (en un uso virtuoso, y políticamente revolucionario, de la profundidad de campo y del sonido) se asoma el mundo, la sociedad cordobesa. Tales planos secuencia, que acompañan el trayecto del carro pero siempre con nuestros protagonistas en primer plano, permitirán sumergirnos de lleno en su universo, asomarnos como observadores privilegiados a sus existencias, lograr una intimidad inusitada con ellos, hacernos parte de sus vidas.

Y entonces surgirán diálogos como el siguiente: “¿Vamos a ir al centro a manguear hoy día?”, del Pata a Ricardito. “Vamos a ver quién hace más plata y quien come más primero”, desafía, a su vez, el más pequeño. Conversaciones cotidianas e inocentes pero llenas de significados, en las que los jóvenes expondrán su visión del mundo, sus conflictos con padres y madres ausentes o sobrecargadas de trabajo, sus preocupaciones centradas casi exclusivamente en la obtención de dinero, sus conversaciones sobre el oficio del carrero y la educación, la clara conciencia de sus límites existenciales, y la modesta esperanza en conseguir alguna mínima mejoría en un futuro soñado. También aquí, gracias a esa formidable estructuración de los planos, podremos ver su relación con la sociedad, que si no los recibe con tristes dádivas, lo hace a los bocinazos: Yatasto se convierte indirectamente entonces en un estudio sobre nosotros, aquellos que quedamos adentro del sistema, y nos obliga a enfrentarnos a nuestra peor cara, sin protecciones ni salvavidas a mano.

Por Martín Ipa

Yastasto ganó el premio a la Mejor Película Argentina en la Competencia Internacional de la 13° edición del Bafici, que acaba de concluir, además del Premio de la Competencia Unicef y una mención especial de la Feisal (asociación que nuclea a las escuelas de cine del mundo). La presente es una nota que apareció en el Dossier que acompañó a la película, que se puede leer en su totalidad en el siguiente sitio: http://cineclubesdecordoba.wordpress.com/2011/04/10/dossier-yatasto/

Published in: on 17 abril, 2011 at 23:53  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. hola, perdon pero esta pelicula, tiene mucho del cine de raul perrone, no? un saludo.

  2. Efectivamente, se puede postular tanto una filiación política como estética con el cine de Perrone, así como también con el de Raymundo Gleyzer o sobre todo con el de Fernando Birri y su escuela documental, aunque Yatasto brilla con luz propia, y es una excepción en el panorama cinematográfico actual. Saludos.


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