Entrevista a Rodrigo Guerrero

Filmar la existencia

 

El cine cordobés comienza a transitar hoy un camino nuevo, ya que a las 19:30 se producirá el estreno del filme “El invierno de los raros” (Córdoba, Argentina, 2011), de Rodrigo Guerrero, uno de los tres largometrajes locales que se estrenarán entre abril y mayo, un hecho histórico para nuestra provincia. Durante hoy, mañana y el miércoles, el Espacio INCAA Km. 700, de la Ciudad de las Artes (Av. Ricchieri y Concepción Arenal), presentará así el primer filme del colectivo Cine Cordobés, que en palabras del propio director pertenece a un tipo de cine que “genera más preguntas que respuestas”. El jueves, el filme se trasladará a los complejos Dinosaurio, donde se podrá ver todos los fines de semana hasta el domingo 13 de abril.

“En el invierno frío y húmedo en el corazón del interior argentino, lejos del bullicio de la vida moderna, la gente suele hacer lo que hizo ayer. En esta película bellamente filmada, el debut de micro-caleidoscopio del prometedor Guerrero sigue a seis personajes. En un pueblo tranquilo, en medio de un invierno frío, desaliñados provincianos viven de acuerdo a una rutina fija en la que pasan los días sin pena ni gloria. Ellos luchan con los conflictos que se derivan de los problemas personales del pasado, como los amores, peleas familiares, amistades y otras difíciles circunstancias de estrés emocional”, adelanta la gacetilla oficial.

Pero en el diario (Hoy Día Córdoba) tuve la oportunidad de entrevistar a Guerrero, un director que demuestra una conciencia formal infrecuente, y cuya muy buena ópera prima constituye un debut más que promisorio para la cinematografía nacional.

 

MI: Para comenzar, ¿Cómo esperas el estreno de mañana?

Rodrigo Guerrero (RG): Estamos por supuesto muy ansiosos, trabajando mucho porque como nosotros hacemos la distribución hay un montón de actividades y cosas que tenemos que ir resolviendo nosotros mismos hasta último momento, pero ansiosos y contentos.

MI: ¿Cómo te sentís con respecto al resultado de la película?

RG: Bien, en realidad yo valoro mucho los procesos, y estoy súper conforme, pero no puedo despegar el resultado de todo el proceso, y hacer un análisis en la totalidad. Yo estoy conforme, y creo que fue una experiencia importante para mí y para la gente que participó.

MI: Contame ¿Cómo surgió la idea de la película?, ¿Qué te despertó a vos? y ¿Qué intentaste transmitir con ella?   

RG: La idea surgió de un estado más anímico y un viaje introspectivo durante un verano en que me sentaba en la computadora y escribía; entonces empecé a delinear los personajes, y así se fue armando el guión casi intuitivamente. Por eso creo que el resultado es tan abierto, con un tiempo tan particular que no tiene que ver con la urgencia, sino con ése estado o ese devenir más incierto, y creo que la resolución formal, técnica y actoral de la película fue por ese lado, ya que la intensión era esto y no contar una gran historia, sino más bien hablar sobre estos personajes durante dos o tres días y los estados anímicos que atravesaban en sus relaciones interpersonales.

MI: Me parece que hay una concepción formal muy particular en la película, y quería preguntarte ¿Cómo pensaste la puesta en escena?

RG: Yo me puse a pensar sobre qué quería hablar y ver cómo formalmente podía seguir hablando de estos temas, de la incertidumbre y la necesidad de algo y no poder conseguirlo por no animarnos, no tener el valor, o porque no se dan las circunstancias. Son planteos muy existenciales, y entonces yo decidí traducirlo en lo formal con determinadas puntuaciones que quizás son como licencias poéticas. Por ejemplo, cuando los seis personajes miran para arriba como buscando respuestas y no las encuentran, o planos de seguimientos a los personajes en sus acciones muy cercanos, o planos de mucha cercanía y luego de distanciamiento, con la intensión de resaltar cómo las cosas cambian si uno las mira a la distancia y no tan cerca de los problemas. Explorar las relaciones entre lo natural y lo humano, cosas que no sé si se verán tan claramente en la película pero que a mí me sirvieron para organizar la estructura del relato y la resolución formal.

MI: Hay también una predominancia de la cámara al hombro y el plano secuencia, lo que implica un posicionamiento estético con respecto al cine…

RG: Sí, para mí tiene que ver con la veracidad de las situaciones y cierta crudeza que a mí me interesaba marcar con esta película y con estos personajes. La cámara al hombro tiene siempre una vibración que tiene más que ver con lo que a uno le pasa, con lo sensible, y creo que por momentos el plano fijo, con una determinada composición y un determinado diseño de luz, es como que te lleva más a la maqueta, o a algo que distancia del material sensible, porque se vuelve más artificial en algún punto.

 

MI: También hay un uso curioso de la música, que en ciertos momentos se vuelve casi hipnótica…

RG: Sí, la idea era justamente generar una música y un material bastante atmosférico, que estuviera dirigido a meterte en la película, acompañar lo que estaba pasando, y a la vez una música que acentuara esa especie de estancamiento, que parece que no pasa nada, ésa pesadez y ésa desolación; pero la música sutilmente en la progresión va cambiando, aunque tiene mucho de repetitivo para generar ésta sensación, y acentuar lo que le pasa a los personajes desde la banda de sonido.

MI: ¿Por qué decidiste ubicar a los personajes en ese ambiente de pueblo?

RG: Yo creo que estos personajes tranquilamente podrían existir en la ciudad, no son personajes de pueblo, pero a mí lo que me interesaba era despegarlos un poco de la idea de que estos conflictos y estas cosas le pasan a los individuos más urbanos y más alienados por la ciudad. Creo que son cuestiones que pueden atravesar a los seres humanos más allá de que vivan o no en una gran ciudad. La idea fue trabajarlo en esto que se ve como un pueblo, o que en realidad es como una ciudad chica, intrascendente y abandonada, más quedaba en el tiempo, lo que le daba cierta tensión casi perturbadora.

MI: Me dio la sensación de que hay una cierta ambigüedad o cierto juego con los géneros en la película…

RG: No fue una búsqueda conciente, no me propuse trabajar distintos géneros, porque tampoco está ninguno desarrollado como para que se pueda identificar claramente. Lo que sí, el toque que tiene cada personaje genera una diversidad de resoluciones que en algún caso pueden sugerir más un género u otro. Habría que ver si en la totalidad de la película eso se mantiene o quedan como cosas aisladas. La verdad es que en su momento no me plantee trabajar acorde a uno o varios géneros, creo que cada personaje tiene su aura y eso es lo que va condicionando sus escenas. Porque también hay cambios a nivel de la ambientación de acuerdo a cada personaje, y fuimos laburando más de acuerdo a los personajes y las relaciones que tenían cada uno.

MI: El mismo uso de la luz y de ciertos escenarios tiene que ver con cada personaje particular…

RG: Sí, la idea era tratar de pensar desde cada personaje y desde ahí ir resolviendo los aspectos del lenguaje (cinematográfico).

MI: ¿Cómo definirías vos a El invierno de los raros?

RG: Yo siempre digo que es una película sobre todas esas cosas que nos pasan y no nos animamos a nombrar, todas esas sensaciones que nos provocan nudos en la panza y nos hacen estar raros. Y el título alude a eso: cuando uno piensa o dice “estoy raro” o le dice a otro “estas raro”, y no podes nombrar lo que pasa, entonces decís “raro”. Me parece que es una sensación identificable para cualquier persona.

 

MI: ¿Cuáles son tus expectativas con el filme?

RG: Las expectativas tenían que ver, por una parte, con un proceso creativo con intensiones más de tipo artísticas si se quiere, que bueno, eso es un análisis donde uno piensa qué cosas están más o menos logradas, y es inevitable que algunas te gusten más y otras te cuestiones, y eso es parte del crecimiento. A nivel de la película como producto y su resultado final, parte de nuestros objetivos tienen que ver con hacer un recorrido por festivales, y ya fuimos al Festival de Rótterdam y ahora vamos al de Granada, por lo que esto se está de algún modo cumpliendo. Y con respecto a la relación con el público, es más difícil, sé que la película va a tener gente que le va a gustar y gente que no, porque la propuesta de la película exige que entres en ese devenir más sensorial que racional quizás, y eso es una cuestión de gustos.

MI: De todas formas, me parece que hay un público cada vez más grande en Córdoba para este cine…  

RG: Sí, está todo el circuito alternativo y gente que cada vez se interesa más por ver cine que tiene una narrativa diferente a la convencional y que genera por ahí más preguntas que respuestas.

 MI: ¿Cómo te manejaste con los actores, teniendo en cuenta la complejidad que conlleva una película coral?

RG: Yo trabajé mucho particularmente con cada uno de ellos, en tratar de buscar el modo de estar de los personajes en la escena, en relación a todo esto que les estaba pasando y que ellos no podían nombrar y que la película en definitiva tampoco nombra. Entonces, fue interesante como trabajo más de cuestionamiento y de pensamiento; y después un trabajo de exploración, una búsqueda más física de encontrar esa manera de estar, también de la manera de cómo hablar del modo en que ellos se veían en escena y resolvían determinadas acciones o actitudes. En la película hay muchas escenas de personajes solos, por lo que laburamos mucho ése modo de estar. Y después, las relaciones, los vínculos y las escenas más expresivas o sensibles, todo apuntaba a eso. Para mí fue fundamental no apurar a los actores, darles el tiempo necesario para que ellos pudieran entrar en situación, para que pudieran canalizar los elementos de tensión que proponían las escenas, y dejar más bien para el montaje la definición en términos de tiempo o ritmo de una escena. Obviamente, las que tenían más planos dependen más del montaje para definir el ritmo que las que son planos secuencia. En general, la idea fue generar un clima, una especie de atmósfera en el set mismo, que nos condicionara a todos para filmar las escenas, no sólo a los actores sino también al equipo técnico.

MI: Hay muchos planos en los que me parece que la cámara se ubica como espiando al personaje, por ejemplo esos planos donde se interponen objetos entre el personaje y la cámara, ¿por qué es esa decisión?

RG: En parte, fue por esta dificultad que tenían los personajes de hablar de lo que sienten o mostrarse como son, creo que a nivel plástico esas interferencias en el plano o ese juego con la profundidad de campo, también tiene que ver con la profundidad de lo que somos.

Por Martín Ipa

PD: “El invierno de los raros” se verá desde hoy lunes 4 al miércoles 6 de abril, a las 19:30 y 21:30 en el Espacio INCAA Km 700 (repitiendo la próxima semana), con entradas generales a 8 pesos (estudiantes y jubilados pagan 4). Desde el jueves, estará en los complejos Dinosaurio (sólo los fines de semana, hasta el domingo 13 de abril).

Published in: on 4 abril, 2011 at 22:15  Dejar un comentario  

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