Hipólito

Una épica política

 

La marcha del cine cordobés sigue sin desmayos, y el segundo estreno de los tres largometrajes financiados por el Gobierno de la provincia, con fondos del Instituto Nacional de Cine, ya demostró que, cuando existe difusión, el público local responde al convite: el estreno de Hipólito, la película de Teodoro Ciampagna, reunió en sus primeras dos funciones a aproximadamente 800 personas, número que debe ser el mayor récord del Espacio INCAA Km. 700 (donde el filme se volverá a proyectar únicamente hoy y mañana, en los horarios de las 19:30 y 21:30; también se puede encontrar en los complejos Dinosaurio y desde el jueves en el Gran Rex). Hay sed de cine en Córdoba, y sobre todo talento para esperanzarnos, como lo demuestra el filme Yatasto, de Hermes Paralluelo, que se trajo un par de premios del Bafici, aunque lo importante es su calidad, que la pondrá sin dudas entre las mejores películas del año cuando se llegue a estrenar en nuestros cines. Por ahora, vale disfrutar del momento y apostar al cine local.

Hipólito es un filme importante para Córdoba. No porque se trate de una obra maestra, de esas películas imprescindibles para una cinematografía, sino simplemente porque a su modo confirma que también se puede hacer cine de gran producción en la docta, un cine de aires clásicos en este caso, que aspire a recrear momentos cruciales del pasado. El eclectismo es la marca de lo que algunos aventureros llaman el “nuevo cine cordobés”, y acaso Hipólito pueda considerarse la otra cara de El invierno de los raros, filme local ya estrenado, cuya voluntad experimental era evidente. Todo lo contrario es Hipólito, acaso un ensayo de apropiación de ciertos géneros clásicos norteamericanos, sobre todo el melodrama histórico y el thriller político, cuya resolución tiene sus más y sus menos. La reconstrucción de época está sin dudas en el balance positivo, así como también su planteamiento formal, que demuestra la capacidad técnica que ostentan los directores cordobeses, hasta ahora el denominador común de todas las películas conocidas. Sin embargo, Hipólito es un filme desnivelado, con algunos buenos momentos y otros decididamente menores, donde el comentarista arriesga que faltó experiencia, tal vez hubo errores en el guión, en la construcción dramática de algunas subtramas, o en el trabajo en la sala de montaje. La opinión, como siempre, corre por cuenta de quien firma la nota; es muy recomendable que el lector la contraste en la sala de cine, enfrentado a la película en cuestión.

El Hipólito del título es un niño huérfano de siete años (Lucas Gamarra), habitante de Plaza de Mercedes, que en las elecciones de 1935 se escurrirá en el cuarto oscuro de su pueblo para tratar de encontrar a su padre, que sabe radical, aunque lo que descubrirá será otra cosa: cómo la policía local obliga a votar por el partido conservador. Es el inicio de la “década infame”, y el filme intentará funcionar desde entonces como ejemplo micro de lo que ocurriría en los años posteriores. La intervención de un joven abogado fiscal, Marcelo Frías (Tomás Gianola), hijo de un líder conservador (en luminosas apariciones de Luis Brandoni) y verdadero protagonista (y eje moral) del filme, obligará a repetir las elecciones quince días después, y la película acompañará entonces su campaña democrática, junto a los radicales, llamando a votar en paz y sin emular las prácticas fraudulentas de sus adversarios. Pero son años convulsionados, y la prédica idealista de Marcelo se topará no sólo con el poder mafioso de los conservadores y sus fuerzas de choque, sino también con la cultura de violencia de la política local, en la que los radicales no tardarán en caer. Paralelamente, se desarrollará una tímida historia de amor entre él y la madrastra de Hipólito, una trama amenazada por los acontecimientos.

Épica de aires redentores, Hipólito es una película evidentemente contemporánea, que juzga el pasado desde una posición semejante, y cuya lectura moral se asienta en su protagonista, que ostenta un mensaje republicano a veces explicitado de forma demasiado obvia. Hay un aire de tragedia novelesca que surca toda la película, enfatizado por una banda de sonido casi omnipresente, muchas veces innecesaria pues subraya lecturas que se deberían desprender por sí solas de las imágenes. Las actuaciones son correctas, a pesar de cierto sesgo teatral que se puede descubrir en algunos protagonistas, un síntoma de nuestro cine joven (que se nutre de las escuelas de teatro) difícil de manejar, y que a veces genera cierto aire de artificialidad más propio de la televisión. El planteamiento formal, sin embargo, muestra una alta conciencia cinematográfica: los encuadres precisos, la utilización de la profundidad de campo, ciertos planos generales, u otros planos en picado y contrapicado, revelan la capacidad formal de Ciampagna. Así como también el uso del sonido. El pasaje más logrado tiene lugar en el momento culmine del suspenso, en el inicio de un tiroteo, filmado de manera notable. No todas las tramas están resueltas del mismo modo, y aquí finca una debilidad del filme, que acaso peque de querer abarcar mucho: la historia romántica (y el propio Hipólito) queda en segundo plano, tal vez era innecesaria, y el suspenso se diluye entre tantas vueltas. Claro que son pequeños reparos a un filme valioso, de un director talentoso, que recién empieza y tiene mucho para dar.

Por Martín Ipa

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Published in: on 27 abril, 2011 at 22:04  Comments (1)  

Entrevista a Teodoro Ciampagna

Revisar la historia

 

Entrevista al director de “Hipólito”, segundo filme del sello Cine Cordobés que se estrena en nuestras salas

El séptimo arte local tiene desde hace una semana su segunda gala de fiesta, con el estreno en el Espacio INCAA Km. 700, de la Ciudad de las Artes (Av. Ricchieri y Concepción Arenal), del filme “Hipólito”, de Teodoro Ciampagna, segunda película del colectivo Cine Cordobés en llegar a los cines comerciales en el mes de abril.

Con las actuaciones de Tomás Gianola, Lucas Gamarra, Luis Brandoni, Enrique Liporace, Daniel Valenzuela y Pablo Tolosa, Hipólito se anima a abordar un hecho significativo de la historia política cordobesa y también argentina: las elecciones locales de 1935, que fuera parte de la llamada “década infame”. “Ambientada en Plaza de Mercedes, la película es una ficción que narra los acontecimientos históricos de1935 através de la vida Hipólito, un niño huérfano de 10 años que vive allí. El es quien se esconde en el cuarto oscuro y descubre al comisario Hugolino Olmos obligando a los votantes a sufragar por el partido demócrata. Su testimonio es usado por los radicales como base para solicitar la anulación de los comicios y la realización de elecciones complementarias, que tienen lugar 14 días después. Esta vez Hipólito quedará atrapado en medio de una balacera”, se adelanta.

En el programa radial Nadie Sale Vivo de Aquí (domingos de 08 a 10 AM por Radio Nacional), tuvimos la oportunidad de dialogar con Ciampagna, otro joven director lleno de pasión por el momento que vive nuestra cinematografía. A continuación, reproduzco los párrafos más jugosos de la entrevista.

 

Nadie sale vivo (NSVA): ¿El hecho que aborda Hipólito puede tomarse como ejemplo micropolítico de lo que sucedería en todo el país?

Teodoro Ciampagna (TC): Exactamente, es un hecho que realmente marcó una época, porque cuando yo empecé a estudiar lo que había pasado en Plaza de Mercedes me di cuenta de que estos hechos de sangre marcaron toda la década infame, y muchos cordobeses los desconocemos, sobre todo en la ciudad, porque en esa zona los tienen más presente por haberlos vivido. Es una historia que descubro a través de la Asociación de Amigos del Patrimonio Histórico, que me pasan un informe y me cuentan que en las elecciones para gobernador de Córdoba del año 1935, estaba Aguirre Cámara por el lado de los conservadores, y Amadeo Sabattini como candidato radical. El 3 de noviembre se realizan las elecciones, y en ese lugar un comisario se mete en el cuarto oscuro e intimida a los votantes para que voten por el Partido Conservador, oficialista en aquél entonces. Entonces esto llega a provocar semejante tumulto en la ciudad de Córdoba que tienen que llamar a elecciones complementarias en ése distrito y varios otros. Y la película transcurre entre ese momento de la primera elección y dos semanas después, donde culmina con éste enfrentamiento armado que hubo entre radicales y conservadores. En el medio, experimentamos el recorrido de un abogado que se relaciona con un niño que vive en el pueblo y su campaña en pro de que el pueblo vaya a votar.

NSVA: ¿Cuáles fueron los principales desafíos que te presentó la puesta en escena?

TC: Encarar este proyecto significaba reunir muchísimas voluntades, tanto de la gente de los pueblos, como de los museos, los municipios, o las asociaciones de autos antiguos, y teníamos que mover toda esa logística a lugares alejados de nuestra ciudad, como es Maquinista Gallini, por ejemplo, que fue uno de los lugares más difíciles de llegar, porque entrábamos por Obispo Trejo, lugar donde nosotros descansábamos, pero de ahí teníamos20 kilómetros más de un camino muy difícil, donde había que llevar 30 o 40 actores, más los 30 técnicos y los autos, y ambientar toda la zona, lo que implicó obras de albañilería que se hicieron para recrear una despensa y un comité demócrata de la época. Fue todo un desafío, pero lo tomamos con mucha responsabilidad.

NSVA: La película debe tener también una apuesta política, al pretender revisar ésa época

TC: Sí, por supuesto. Cuando yo doy con el hecho, desconocía toda ésta historia. Tuve una etapa de investigación tanto de la historia como de los expedientes, porque en los archivos de los tribunales penales estaban los expedientes de éste tiroteo donde murieron once personas. Al principio, tomaba esa investigación con mucha inocencia porque desconocía el tema, y fue por eso que surgió la idea de contarla desde la mirada de un niño que desconoce los sucesos políticos, entonces los tomamos como livianamente pero dejando siempre un mensaje. Hay una apuesta a indagar en qué pensaba Amadeo Sabattini en aquél momento, haciéndose cargo de una gobernación de Córdoba y teniendo a sus espaldas once muertos. En muchos momentos, he tratado de dejar diferentes mensajes y que cada uno se lleve algo de ésta película.

 

NSVA: ¿Como incorporaste a Luis Brandoni al proyecto?

TC: Primero realizamos castings con los pobladores de la zona, y llegamos a entrevistar a 400 personas en 14 localidades, algo que se convirtió en una experiencia hermosa. De hecho, muchas de ésas personas (más de 150) luego participaron de la película. Y luego surgió la posibilidad de entrevistar a Luis para un personaje muy importante, que tenía apariciones bien puntuales. Fui a hablar con él en un bar de la Ciudad de Bs. As., y me dijo: “Vos querés que yo haga de un político conservador”, siendo que él es radical, y casi que me puso la cara enfrente. Pero entonces me dijo, “bueno lo voy a hacer”. Y la verdad es que es una hermosa persona, muy apasionada de lo que hace y también de la política. Y le gustó el hecho de que se interesara gente joven en hacer éste proyecto histórico, con todo lo que implicaba, y apostó a eso y salió maravilloso.

NSVA: ¿Cómo ves el momento del cine local y al colectivo Cine Cordobés?

TC: Bueno, este sello de Cine Cordobés surgió en ésta última etapa de distribución de nuestras películas; hemos trabajado en conjunto tanto directores como las productoras de las películas y ha sido un gran apoyo porque se han logrado cosas que en su momento no se esperaban. De hecho, tener la posibilidad de estar en los medios, o en la vía pública, o que se esté hablando muchísimo de estas tres películas que responden con una linda calidad audiovisual, es algo que sin el apoyo de nosotros que formamos este sello de Cine Cordobés no hubiera sido posible. Y esto lo queremos trasladar a los futuros proyectos que vengan de ahora en más, tanto aquellos que están produciendo nuestras productoras como otros que les está yendo fantástico afuera del país. Entonces creemos que en Córdoba hay un panorama que promete seguir produciendo cine, y apoyamos y apostamos a esto.

Por Martín Ipa

PD: “Hipólito” se proyectará hoy, mañana y el miércoles, a las 19:30 y 21:30, en el Espacio INCAA de la Ciudad de las Artes. Hasta el próximo domingo, se pasará también en los cines de los Dinosaurio Mall. Y desde el jueves 28 de abril, en el complejo de los Cines Gran Rex.

Published in: on 25 abril, 2011 at 21:46  Dejar un comentario  

Yatasto

La política en el cine

 

El cine no es tanto una cuestión estética como política: o mejor, la forma (la estética) es una cuestión esencialmente política, pues determina precisamente el modo en que el cine muestra (e interactúa con) el mundo. Yatasto es la demostración acabada de la naturaleza y del destino político del cine, en su más íntimo sentido, pues es un filme que (se) abre (a) nuevos horizontes, y que además es capaz de interactuar con un Otro absoluto construido por la sociedad.

Yatasto confirma así la misión libertaria del cine, pero no porque haga algún tipo de proselitismo (o porque tenga buenas intensiones), sino todo lo contrario: porque se anima a abordar su objeto de una manera política, es decir dialógica. Lo consigue sobre todo gracias a que Hermes Paralluelo piensa la forma en función de su objeto, y allí está su posicionamiento político: el gran logro de Yatasto es abordar un universo absolutamente estigmatizado desde el respeto y la sinceridad, y entonces se vuelve libertaria, simplemente porque logra habitarlo.

Hay entonces una voluntad antropológica en Yatasto, que surge del modo en que están dispuestos (pensados) los planos, ya desde la formidable escena de apertura, donde un aparente fundido a negro se revelará como una síntesis perfecta de las condiciones existenciales de sus protagonistas: niños que viven a la intemperie, que deben prender un fuego en la fría madrugada para vencer la oscuridad, y prepararse para lo que será una larga jornada de trabajo. La tercera escena los mostrará ya en acción: Bebo (15 años), Pata (14) y Ricardo (10), subidos a un carro que es su única esperanza de sobrevivencia, hablando y riendo como cualquier niño, pero con la necesidad de procurarse el pan de cada día. Se trata de un plano medio pero cerrado sobre sus tres protagonistas, que ocupan casi todo el frente de la pantalla, mientras que por atrás y a los costados (en un uso virtuoso, y políticamente revolucionario, de la profundidad de campo y del sonido) se asoma el mundo, la sociedad cordobesa. Tales planos secuencia, que acompañan el trayecto del carro pero siempre con nuestros protagonistas en primer plano, permitirán sumergirnos de lleno en su universo, asomarnos como observadores privilegiados a sus existencias, lograr una intimidad inusitada con ellos, hacernos parte de sus vidas.

Y entonces surgirán diálogos como el siguiente: “¿Vamos a ir al centro a manguear hoy día?”, del Pata a Ricardito. “Vamos a ver quién hace más plata y quien come más primero”, desafía, a su vez, el más pequeño. Conversaciones cotidianas e inocentes pero llenas de significados, en las que los jóvenes expondrán su visión del mundo, sus conflictos con padres y madres ausentes o sobrecargadas de trabajo, sus preocupaciones centradas casi exclusivamente en la obtención de dinero, sus conversaciones sobre el oficio del carrero y la educación, la clara conciencia de sus límites existenciales, y la modesta esperanza en conseguir alguna mínima mejoría en un futuro soñado. También aquí, gracias a esa formidable estructuración de los planos, podremos ver su relación con la sociedad, que si no los recibe con tristes dádivas, lo hace a los bocinazos: Yatasto se convierte indirectamente entonces en un estudio sobre nosotros, aquellos que quedamos adentro del sistema, y nos obliga a enfrentarnos a nuestra peor cara, sin protecciones ni salvavidas a mano.

Por Martín Ipa

Yastasto ganó el premio a la Mejor Película Argentina en la Competencia Internacional de la 13° edición del Bafici, que acaba de concluir, además del Premio de la Competencia Unicef y una mención especial de la Feisal (asociación que nuclea a las escuelas de cine del mundo). La presente es una nota que apareció en el Dossier que acompañó a la película, que se puede leer en su totalidad en el siguiente sitio: http://cineclubesdecordoba.wordpress.com/2011/04/10/dossier-yatasto/

Published in: on 17 abril, 2011 at 23:53  Comments (2)  

El invierno de los raros

Un filme existencial

 

El cine cordobés está en marcha, y es una noticia para celebrar, más allá de que todo está aún por hacerse y de que el camino que comienza con el estreno de tres largometrajes financiados por el Instituto Nacional de Cine (INCAA), a través del gobierno de la provincia, es pura incertidumbre y potencialidad, acaso un manojo de sueños heterogéneos que habrá que ver dónde terminan. Pero como dice Roger Koza, hay algo que se está gestando en Córdoba en materia cinematográfica, no sólo por los estrenos que hoy comenzaremos a comentar, sino también por el surgimiento y consolidación de una comunidad cinéfila cada vez más amplia y exigente. Este presente esperanzador se puede corroborar incluso en los festivales, empezando por la participación de la excelente Yatasto, de Hermes Paralluelo, en la Competencia Internacional del Bafici (donde probablemente se lleve algún premio), y siguiendo por el foco de cine cordobés que anunció el Festival de Cine de Valdivia, un dato elocuente que confirma las ilusiones.

Lo más importante, sin embargo, son las películas y sus propuestas, las búsquedas estéticas y narrativas que, en su natural y celebrable diversidad, pueden (y deben) aspirar a ser buen cine: nada impide que en Córdoba se filmen grandes películas, y a ese norte debemos apuntar. El primer estreno del colectivo Cine Cordobés, El invierno de los raros, de Rodrigo Guerrero (ver horarios en página 4), invita por suerte a esperanzarse, no sólo porque se trata de una película con un claro ánimo experimental, que busca encontrar un lenguaje propio a partir de un posicionamiento estético y cinematográfico particular, sino porque además es un filme que apuesta a abrir nuevos caminos, que hace de la ambigüedad su centro narrativo, y además evita caer en las típicas concesiones del (sub)género que integra. Filme coral de tono existencial, El invierno… podría ser rápidamente emparentable con cierta corriente del hoy olvidado Nuevo Cine Argentino (aquella que Gustavo Noriega cuestionó en su artículo “La tristeza de los niños ricos”), pero seguramente sería un error encasillarla en esos márgenes, pues si bien comparte algunas características  (parece ser, concientemente, a-histórica, habría que ver si también comparte su despolitización), al mismo tiempo los trasciende ampliamente, y en todo caso no participa de su tendencia a caer en la solemnidad (eje de la crítica de Noriega). El invierno es un filme legítimamente existencial, que explora con humildad y a veces lucidez las angustias y pesares de seis personajes durante un lapso específico de tiempo, que no busca dejar grandes mensajes ni tratar temas pretenciosos, pero que sí intenta dialogar con el mundo en que vivimos: su aspiración es precisamente plantear algunas preguntas al espectador, sin darle respuestas precocinadas. Seis personajes se encuentran, cruzan y conviven en un pueblo impreciso (que no es pequeño, e incluso podría ser una ciudad rural), que parece detenido en el tiempo, y acaso funge como la manifestación material de su estado anímico: cierta angustia inclasificable, algún tipo de  tristeza imprecisa, es el denominador común de todos ellos. Está Marcia (Paula Lussi), una joven alegre y levemente idealista, que traba amistad con Sabrina (Elisa Gagliano, que interpreta a una visitante que acaba de llegar sin razón aparente), y además está secretamente enamorada de Gustavo (Lautaro Delgado), un obrero rural dedicado a su rutina laboral. También está Fabián (Luis Machín), un hombre obsesionado con una bella profesora de danza llamada Rocío (Maitén Laguna, que sobrelleva una mala relación con una madre posesiva), a quien persigue a todas partes y acosa por teléfono, y que en algún momento se encontrará con la madre de Marcia, una mujer amargada y aplastada por los años, que suele tener ataques de furia. Cada uno anda en búsqueda de alguna forma imprecisa de amor, al menos un mero gesto de cariño que mitigue su gran soledad, pero la incomunicación es regla, y la represión su consecuencia concomitante.

Lúcidamente filmada, Guerrero apuesta a la cámara al hombro y al plano secuencia como fundamento básico de su cine, lo que demuestra una clara conciencia formal: El invierno… se convierte en un filme hipnótico,  pleno de climas y tonos sugerentes, enfatizados por una banda musical (con sonidos eléctricos y música pop) que a veces irrumpe como pequeños oasis en medio del relato (con la suficiente inteligencia como para despegarse de la estética de videoclip). Los planos cerrados sobre sus protagonistas (donde casi siempre se interponen objetos entre la cámara y los actores, potenciando la profundidad de campo), seguidos obsesivamente por la cámara de Guerrero (al estilo de Gus Van Sant), se intercalan con grandes planos generales del campo y el pueblo, estableciendo una dialéctica formal que sirve para explorar el espacio existencial de los personajes y su relación con el ambiente. Los encuadres denotan además una búsqueda conciente de belleza, lo que confirma que Guerrero entiende al cine como un arte mayor. La ambigüedad, empero, es el centro luminoso del filme, desde el que se disparan continuamente nuevas lecturas y sentidos, potenciadas sin duda por la buena performance de los actores, aunque su fuerza irá menguando a medida que se resuelvan algunas subtramas. Una resolución abierta, por cierto, pero que dejará un discreto (y válido) lugar a la esperanza.

Por Martín Ipa

PD: El filme se podrá ver hoy miércoles, a las 19:30 y 21:30, en el Espacio INCAA Km 700 (donde se repondrá en ambos horarios desde el lunes al miércoles que viene), y desde mañana en los cines de los Complejos Dinosaurio, en los horarios de las 16:40 y 21 (Ruta 20) y 11:50, 16:15 y 20:45 (Rodríguez del Busto), donde permanecerá hasta el domingo 13 de abril.

Published in: on 6 abril, 2011 at 2:31  Dejar un comentario  

Entrevista a Rodrigo Guerrero

Filmar la existencia

 

El cine cordobés comienza a transitar hoy un camino nuevo, ya que a las 19:30 se producirá el estreno del filme “El invierno de los raros” (Córdoba, Argentina, 2011), de Rodrigo Guerrero, uno de los tres largometrajes locales que se estrenarán entre abril y mayo, un hecho histórico para nuestra provincia. Durante hoy, mañana y el miércoles, el Espacio INCAA Km. 700, de la Ciudad de las Artes (Av. Ricchieri y Concepción Arenal), presentará así el primer filme del colectivo Cine Cordobés, que en palabras del propio director pertenece a un tipo de cine que “genera más preguntas que respuestas”. El jueves, el filme se trasladará a los complejos Dinosaurio, donde se podrá ver todos los fines de semana hasta el domingo 13 de abril.

“En el invierno frío y húmedo en el corazón del interior argentino, lejos del bullicio de la vida moderna, la gente suele hacer lo que hizo ayer. En esta película bellamente filmada, el debut de micro-caleidoscopio del prometedor Guerrero sigue a seis personajes. En un pueblo tranquilo, en medio de un invierno frío, desaliñados provincianos viven de acuerdo a una rutina fija en la que pasan los días sin pena ni gloria. Ellos luchan con los conflictos que se derivan de los problemas personales del pasado, como los amores, peleas familiares, amistades y otras difíciles circunstancias de estrés emocional”, adelanta la gacetilla oficial.

Pero en el diario (Hoy Día Córdoba) tuve la oportunidad de entrevistar a Guerrero, un director que demuestra una conciencia formal infrecuente, y cuya muy buena ópera prima constituye un debut más que promisorio para la cinematografía nacional.

 

MI: Para comenzar, ¿Cómo esperas el estreno de mañana?

Rodrigo Guerrero (RG): Estamos por supuesto muy ansiosos, trabajando mucho porque como nosotros hacemos la distribución hay un montón de actividades y cosas que tenemos que ir resolviendo nosotros mismos hasta último momento, pero ansiosos y contentos.

MI: ¿Cómo te sentís con respecto al resultado de la película?

RG: Bien, en realidad yo valoro mucho los procesos, y estoy súper conforme, pero no puedo despegar el resultado de todo el proceso, y hacer un análisis en la totalidad. Yo estoy conforme, y creo que fue una experiencia importante para mí y para la gente que participó.

MI: Contame ¿Cómo surgió la idea de la película?, ¿Qué te despertó a vos? y ¿Qué intentaste transmitir con ella?   

RG: La idea surgió de un estado más anímico y un viaje introspectivo durante un verano en que me sentaba en la computadora y escribía; entonces empecé a delinear los personajes, y así se fue armando el guión casi intuitivamente. Por eso creo que el resultado es tan abierto, con un tiempo tan particular que no tiene que ver con la urgencia, sino con ése estado o ese devenir más incierto, y creo que la resolución formal, técnica y actoral de la película fue por ese lado, ya que la intensión era esto y no contar una gran historia, sino más bien hablar sobre estos personajes durante dos o tres días y los estados anímicos que atravesaban en sus relaciones interpersonales.

MI: Me parece que hay una concepción formal muy particular en la película, y quería preguntarte ¿Cómo pensaste la puesta en escena?

RG: Yo me puse a pensar sobre qué quería hablar y ver cómo formalmente podía seguir hablando de estos temas, de la incertidumbre y la necesidad de algo y no poder conseguirlo por no animarnos, no tener el valor, o porque no se dan las circunstancias. Son planteos muy existenciales, y entonces yo decidí traducirlo en lo formal con determinadas puntuaciones que quizás son como licencias poéticas. Por ejemplo, cuando los seis personajes miran para arriba como buscando respuestas y no las encuentran, o planos de seguimientos a los personajes en sus acciones muy cercanos, o planos de mucha cercanía y luego de distanciamiento, con la intensión de resaltar cómo las cosas cambian si uno las mira a la distancia y no tan cerca de los problemas. Explorar las relaciones entre lo natural y lo humano, cosas que no sé si se verán tan claramente en la película pero que a mí me sirvieron para organizar la estructura del relato y la resolución formal.

MI: Hay también una predominancia de la cámara al hombro y el plano secuencia, lo que implica un posicionamiento estético con respecto al cine…

RG: Sí, para mí tiene que ver con la veracidad de las situaciones y cierta crudeza que a mí me interesaba marcar con esta película y con estos personajes. La cámara al hombro tiene siempre una vibración que tiene más que ver con lo que a uno le pasa, con lo sensible, y creo que por momentos el plano fijo, con una determinada composición y un determinado diseño de luz, es como que te lleva más a la maqueta, o a algo que distancia del material sensible, porque se vuelve más artificial en algún punto.

 

MI: También hay un uso curioso de la música, que en ciertos momentos se vuelve casi hipnótica…

RG: Sí, la idea era justamente generar una música y un material bastante atmosférico, que estuviera dirigido a meterte en la película, acompañar lo que estaba pasando, y a la vez una música que acentuara esa especie de estancamiento, que parece que no pasa nada, ésa pesadez y ésa desolación; pero la música sutilmente en la progresión va cambiando, aunque tiene mucho de repetitivo para generar ésta sensación, y acentuar lo que le pasa a los personajes desde la banda de sonido.

MI: ¿Por qué decidiste ubicar a los personajes en ese ambiente de pueblo?

RG: Yo creo que estos personajes tranquilamente podrían existir en la ciudad, no son personajes de pueblo, pero a mí lo que me interesaba era despegarlos un poco de la idea de que estos conflictos y estas cosas le pasan a los individuos más urbanos y más alienados por la ciudad. Creo que son cuestiones que pueden atravesar a los seres humanos más allá de que vivan o no en una gran ciudad. La idea fue trabajarlo en esto que se ve como un pueblo, o que en realidad es como una ciudad chica, intrascendente y abandonada, más quedaba en el tiempo, lo que le daba cierta tensión casi perturbadora.

MI: Me dio la sensación de que hay una cierta ambigüedad o cierto juego con los géneros en la película…

RG: No fue una búsqueda conciente, no me propuse trabajar distintos géneros, porque tampoco está ninguno desarrollado como para que se pueda identificar claramente. Lo que sí, el toque que tiene cada personaje genera una diversidad de resoluciones que en algún caso pueden sugerir más un género u otro. Habría que ver si en la totalidad de la película eso se mantiene o quedan como cosas aisladas. La verdad es que en su momento no me plantee trabajar acorde a uno o varios géneros, creo que cada personaje tiene su aura y eso es lo que va condicionando sus escenas. Porque también hay cambios a nivel de la ambientación de acuerdo a cada personaje, y fuimos laburando más de acuerdo a los personajes y las relaciones que tenían cada uno.

MI: El mismo uso de la luz y de ciertos escenarios tiene que ver con cada personaje particular…

RG: Sí, la idea era tratar de pensar desde cada personaje y desde ahí ir resolviendo los aspectos del lenguaje (cinematográfico).

MI: ¿Cómo definirías vos a El invierno de los raros?

RG: Yo siempre digo que es una película sobre todas esas cosas que nos pasan y no nos animamos a nombrar, todas esas sensaciones que nos provocan nudos en la panza y nos hacen estar raros. Y el título alude a eso: cuando uno piensa o dice “estoy raro” o le dice a otro “estas raro”, y no podes nombrar lo que pasa, entonces decís “raro”. Me parece que es una sensación identificable para cualquier persona.

 

MI: ¿Cuáles son tus expectativas con el filme?

RG: Las expectativas tenían que ver, por una parte, con un proceso creativo con intensiones más de tipo artísticas si se quiere, que bueno, eso es un análisis donde uno piensa qué cosas están más o menos logradas, y es inevitable que algunas te gusten más y otras te cuestiones, y eso es parte del crecimiento. A nivel de la película como producto y su resultado final, parte de nuestros objetivos tienen que ver con hacer un recorrido por festivales, y ya fuimos al Festival de Rótterdam y ahora vamos al de Granada, por lo que esto se está de algún modo cumpliendo. Y con respecto a la relación con el público, es más difícil, sé que la película va a tener gente que le va a gustar y gente que no, porque la propuesta de la película exige que entres en ese devenir más sensorial que racional quizás, y eso es una cuestión de gustos.

MI: De todas formas, me parece que hay un público cada vez más grande en Córdoba para este cine…  

RG: Sí, está todo el circuito alternativo y gente que cada vez se interesa más por ver cine que tiene una narrativa diferente a la convencional y que genera por ahí más preguntas que respuestas.

 MI: ¿Cómo te manejaste con los actores, teniendo en cuenta la complejidad que conlleva una película coral?

RG: Yo trabajé mucho particularmente con cada uno de ellos, en tratar de buscar el modo de estar de los personajes en la escena, en relación a todo esto que les estaba pasando y que ellos no podían nombrar y que la película en definitiva tampoco nombra. Entonces, fue interesante como trabajo más de cuestionamiento y de pensamiento; y después un trabajo de exploración, una búsqueda más física de encontrar esa manera de estar, también de la manera de cómo hablar del modo en que ellos se veían en escena y resolvían determinadas acciones o actitudes. En la película hay muchas escenas de personajes solos, por lo que laburamos mucho ése modo de estar. Y después, las relaciones, los vínculos y las escenas más expresivas o sensibles, todo apuntaba a eso. Para mí fue fundamental no apurar a los actores, darles el tiempo necesario para que ellos pudieran entrar en situación, para que pudieran canalizar los elementos de tensión que proponían las escenas, y dejar más bien para el montaje la definición en términos de tiempo o ritmo de una escena. Obviamente, las que tenían más planos dependen más del montaje para definir el ritmo que las que son planos secuencia. En general, la idea fue generar un clima, una especie de atmósfera en el set mismo, que nos condicionara a todos para filmar las escenas, no sólo a los actores sino también al equipo técnico.

MI: Hay muchos planos en los que me parece que la cámara se ubica como espiando al personaje, por ejemplo esos planos donde se interponen objetos entre el personaje y la cámara, ¿por qué es esa decisión?

RG: En parte, fue por esta dificultad que tenían los personajes de hablar de lo que sienten o mostrarse como son, creo que a nivel plástico esas interferencias en el plano o ese juego con la profundidad de campo, también tiene que ver con la profundidad de lo que somos.

Por Martín Ipa

PD: “El invierno de los raros” se verá desde hoy lunes 4 al miércoles 6 de abril, a las 19:30 y 21:30 en el Espacio INCAA Km 700 (repitiendo la próxima semana), con entradas generales a 8 pesos (estudiantes y jubilados pagan 4). Desde el jueves, estará en los complejos Dinosaurio (sólo los fines de semana, hasta el domingo 13 de abril).

Published in: on 4 abril, 2011 at 22:15  Dejar un comentario