Entrevista a Roger Alan Koza

Pensamiento en acción

 

Entrevista a Roger Alan Koza por la Semana Internacional de la Crítica, que mañana jueves comienza en el Cineclub Municipal Hugo del Carril

Como adelantamos la semana pasada, Córdoba vivirá desde mañana jueves el evento cinematográfico de la década: la Semana Internacional de la Crítica, que reunirá en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49) a prestigiosos críticos nacionales e internacionales con el público cordobés, con el objetivo de crear un vínculo cada vez más imprescindible entre cine y pensamiento. El encuentro, que lleva el título “5 Estrellas, Semana Internacional de la Crítica”, incluye mesas redondas de discusión, críticas en acción, preestrenos seleccionados, charlas abiertas y seminarios. Y reúne a críticos de la talla de Jonathan Rosenbaum (EE.UU.), uno de los mejores especialistas en el mundo, Eduardo “Quintín” Antín (Argentina), Diego Lerer (Argentina) y Roger Alan Koza (Argentina).

A modo de anticipo, dialogamos con Roger Koza, el autor del encuentro y también su organizador conceptual, quien habló sobre la génesis del mismo: “La gente del Cineclub Municipal Hugo del Carril me sugirió hacer algo con la crítica de cine hace unos tres años. Para ese entonces, ya se avizoraba un problema con la crítica impresa. Un año más tarde vi un filme irregular aunque valioso, titulado `Por amor a las películas´, del crítico Gerald Perry. En aquella película se pueden ver muy bien las transformaciones que experimenta el género cinematográfico en estos tiempos: por un lado, despidos masivos de críticos en Estados Unidos; por el otro, una explosión de la escritura cinematográfica en la web. Una paradoja histórica o una coincidencia socioeconómica y tecnológica. O también, un momento bisagra en el que se puede percibir cómo los cambios tecnológicos transforman nuestras prácticas”, adelantó Koza, quien afirmó que entonces “el cine se digitaliza, así como la exhibición y la escritura”. “Junto con esto, la revista Sight and sound en 2009 saca una tapa con el título: ¿Quién necesita de los críticos? Ese es el contexto” del encuentro, afirmó. “La respuesta personal a estos interrogantes históricos y profesionales fue pensar un encuentro de críticos internacional que tomen estos problemas. Pero, junto a esto, la idea central era constituir una discusión pública, un modo de pensar el cine y establecer un puente entre los críticos y el público. De tal modo que podamos cuestionar el cine que vemos y no vemos”, agregó el también programador de la sección Vitrina del Festival de Cine de Hamburgo (Alemania). 

Jonathan Rosenbaum

“Se trata de un encuentro cuya función es abrir una brecha en el discurso oficial de los medios de comunicación masivos, para los cuáles el cine es meramente un entretenimiento, y por tanto el discurso sobre él es publicidad encubierta o información banal”, puntualizó además Roger, y sintetizó una posición estética y política sobre el cine al afirmar que: “Asumiendo que el cine es un modulador global de la percepción y una fuerza que constituye el imaginario colectivo, me parece que la crítica es una opción para establecer otra mirada sobre el cine: ya no como entretenimiento sino como entrenamiento…”.

HDC: ¿Cómo imaginas el encuentro de los cordobeses con estas leyendas de la crítica?

RK: Son leyendas, es cierto, pero también son personas como las del público. La diferencia está en que han dedicado sus vidas al cine. El conocimiento de Rosenbaum es literalmente enciclopédico, pero tiene clarísimo su rol de facilitador. Cualquier espectador está preparado. Quienes lo subestiman son las cadenas de cine y los editores de la prensa escrita. Que si ven un término estético en una crítica creen que los espectadores habrán de pensar que la peste está cerca.

Eduardo "Quintín” Antín

HDC: ¿Cuales son tus expectativas con respecto al encuentro?

RK: Me gustaría que la sala no esté vacía y que los participantes puedan hacer de su curiosidad una práctica y de su sensibilidad una política de su vida cotidiana. En otras palabras, que puedan constatar cuán generoso es el cine como arte, cuán fiel es a quien entrega parte de su vida a ver películas. El cine no decepciona, edifica y libera.

Informes e inscripciones en el Cineclub Municipal (Bv. San Juan 49), de 10 a 20, ó al Tel. (0351) 4341241, ó entrando a http://www.cineclubmunicipal.org.ar

Por M.I.

 PD: Esta nota fue publicada en una versión un poquito más corta en la edición de ayer de Hoy Día Córdoba.

Published in: on 22 julio, 2010 at 0:36  Dejar un comentario  

Los senderos de la vida

El cine como experiencia

 

Suele considerarse que la literatura es el arte de expresión por excelencia del alma humana. Si bien la pintura y  la música pueden alcanzar niveles de representación sublimes de la interioridad del hombre, nadie dudaría en afirmar que la palabra es el medio de transmisión natural del ser humano, justamente porque nuestra condición en el mundo está determinada, constituida, por el lenguaje. Con todo, el cine ha demostrado en su corta existencia ser una de las artes más capacitadas para reflejar la experiencia íntima de las personas que lo habitan: difícilmente un texto pueda reconstruir los miles de detalles que pueden captarse en una escena de Los senderos de la vida, por caso, el maravilloso filme estrenado el fin de semana pasado en el Teatro Córdoba (y que se repondrá entre el jueves 29 de julio y el domingo 1 de agosto en el Cineclub Municipal Hugo del Carril). Claro que no se trata de establecer aquí un dudoso (y fraudulento) ranking entre las artes: simplemente constatar que la condición primera del cine es la de estar habitado por la vida, y que de allí proviene su magia, su irresistible misterio.

Ciertamente mágica y también sublime es Los senderos de la vida, segunda película de la directora surcoreana So Yong Kim (cuyo primer filme, In Between Days, resultó ganador del Bafici 2007), que se mete en un microcosmos ya explorado por el séptimo arte, pero casi nunca con su capacidad: el mundo de la infancia. Basada ligeramente en sus propias vivencias, So Yong Kim aborda aquí la experiencia de dos hermanitas,  Jin (Kim Hee Yeon) de seis años y Bin (Kim Song Hee) de tres, ante el abandono repentino de su madre, cuando las deje al cuidado de una tía para irse en busca de un padre ausente. La razón es la imposibilidad materna de mantener la vida en Seúl, aunque el conflicto es aquí casi tangencial, accesorio, pues la gran virtud de la directora se encuentra en la decisión de concentrar toda la película en sus dos pequeñas protagonistas. Todo en Los senderos de la vida se reduce así al universo de estas niñas, a la forma en que ven y experimentan el mundo, al modo en que enfrentan las decisiones de los adultos, y por eso la cámara se pega a sus rostros (hay una predominancia del primer plano absolutamente coherente, ya que se trata de ver el mundo como ellas lo ven), y sólo accedemos al espacio que ellas habitan. Esta puesta en escena refleja no sólo una concepción cinematográfica infrecuente (la de entender el cine como un modo de descubrimiento, una forma nueva de experimentar el mundo), sino también un respeto mayúsculo por la historia y sus protagonistas. So Yong Kim es, en definitiva, fiel a una idea de cine ya casi inexistente en el circuito comercial.

Detallista y documental, absolutamente opuesta al melodrama hollywoodense, la película seguirá a estas pequeñitas hasta la casa de su tía alcohólica, sólo interesada en sacar provecho las niñas, quiénes se abocarán a la tarea de juntar monedas para llenar una alcancía que representa su máxima ilusión: el regreso de su madre. Más pronto que tarde, sus sueños infantiles chocarán con la realidad, y deberán enfrentar una nueva decepción cuando la tía decida desligarse de ellas y llevarlas a vivir con los abuelos maternos al campo, un destino que fungió siempre como una amenaza para las niñas. Ya allí, rodeadas de un nuevo paisaje lleno de posibilidades, las pequeñas comenzarán a experimentar otro tipo de existencia, y un nuevo afecto que acaso creían perdido.

Minimalista y bella, los días de la película se encuentran divididos por hermosos planos generales de la ciudad, la noche y el cielo (cuyo preciosismo que se intensificará notablemente en el campo), que confirman el talento plástico de la directora (y su responsable de fotografía, Anne Misawa) y serán reveladores para el espectador, aunque a veces corra el riesgo de caer en cierta demagogia (sobre todo si son tomados como metáforas de las vivencias y de la mirada de los niños). Lo principal, empero, es la inmensa capacidad de transmitir el microcosmos de la infancia, la experiencia íntima de sus protagonistas, en la dura odisea de aprendizaje y maduración que deben enfrentar.

Por Martín Ipa

Published in: on 20 julio, 2010 at 22:04  Comments (1)  

Shrek para siempre

El ogro sin pasado

El otro gran tanque infantil de la temporada (luego de Toy Story 4) llegó el fin de semana a nuestra ciudad, precedido de una repercusión inusualmente heterogénea, con la crítica dividida entre elogios (los menos) y vituperios diversos, una variedad que se podría pensar habla más bien que mal de la película, ya que al menos se demuestra capaz de romper las redes de consensos que suelen venir bien tejidas en la recepción especializada de éste tipo de obras. Ni la mejor de la serie ni por supuesto la peor, la cuarta entrega de Shrek es en primer término una película distinta a las anteriores, empezando porque es quizás el primer filme pensado enteramente para el formato 3D desde el renacimiento global de esta tecnología, incluso más aún que Avatar.  Y siguiendo porque, por primera vez, su esquema narrativo no está basado en la transgresión y tergiversación de los clásicos cuentos infantiles, sino en la construcción de una ficción ya independizada de aquellos, deudora acaso de otras fuentes relacionadas con el cine clásico hollywoodense.  El resultado no es así el peor imaginable para una cuarta (y se supone última) entrega, aunque hay que decir que tampoco logra dejar atrás el agotamiento que ya había evidenciado su predecesora.

Puestos a imaginar un argumento para la cuarta entrega, los nuevos guionistas Josh Klausner (Una noche fuera de serie) y Darren Lemke (uno de los escritores de Lost) enfrentaban un problema capital: ¿cómo revitalizar una historia que había decantado hacia el ámbito familiar pequeñoburgués, tan sagrado para el imaginario norteamericano? ¿Cómo reinventar, en fin, un cuento que ya había tenido su final feliz? La respuesta hizo honor a los pergaminos de sus autores, y vino por el lado de la reapropiación de cierta tradición del cine norteamericano largamente transitada en los años ´90, relacionada a filmes como Qué bello es vivir ó Volver al futuro. Como en el clásico de Frank Capra (de  1946), Shrek accederá aquí a una realidad paralela donde él nunca ha existido, aunque esta vez será a su pesar, ya que el conflicto central del filme pasará por intentar recuperar su existencia perdida. Al inicio, el entrañable ogro se encontrará agobiado por la vida familiar y la crianza de sus tres inquietos hijos: una lograda secuencia muestra cómo la idílica vida familiar en el pantano se va convirtiendo, a fuerza de rutina y trabajo sin descanso, en un infierno que aprisiona a nuestro protagonista, quien anhela secretamente recuperar la libertad perdida. Su hartazgo será aprovechado por el mago Rumpelstiltskin, que toda su vida ha querido apoderarse del reino de Muy Muy Lejano, y le ofrecerá un acuerdo por el cual Shrek podría recuperar su antigua libertad durante 24 horas. Claro que el pacto esconde una trampa, y nuestro protagonista se verá atrapado en una nueva realidad donde nadie lo conoce y donde Fiona lidera un grupo revolucionario de ogros que intenta derrocar a Rumpelstiltskin, convertido en el nuevo dictador del reino con un ejército de brujas a su servicio. Para colmo, Shrek sólo tiene 24 horas para recuperar su antigua existencia, y de lo contrario terminará desapareciendo para siempre.

Volcada decididamente hacia la acción física y la aventura, Shrek 4 tiene un diseño formal determinado esencialmente por la tridimensionalidad: como nunca antes, hay numerosas escenas de acción narradas con planos secuencias que explotan a fondo la profundidad de campo, potenciando los efectos en 3D, y dándole al filme un cariz distinto a sus predecesores. La cuestión pasa por ver si tamaño despliegue está justificado por la trama, y la verdad es que no siempre es así, ya que algunas secuencias parecen insertadas únicamente para destacar los efectos 3D (o incluso para anticipar los futuros productos de videojuegos para niños), aunque el trabajo técnico sobre la imagen resulta nuevamente sobresaliente. A favor, hay que contar también la decisión de centrar los gags humorísticos y la mirada irónica no ya sobre las clásicas tradiciones infantiles, sino sobre la propia ficción construida por sus películas predecesoras (así, el Gato con botas es un obeso, el Burro un esclavo de las brujas, y el Hombre de Jengibre un gladiador romano),  lo que le devuelve al filme parte de la vitalidad perdida en la segunda y tercera entregas. También se repiten ciertos vicios por supuesto, como dirigir predominantemente el humor hacia el público adolescente, un mal que parece endémico en el género, bajo la idea de abarcar tanto a grandes como a chicos, algo que margina a los más pequeños de un universo que les debería ser  propio.

Por Martín Ipa

Published in: on 13 julio, 2010 at 23:13  Comments (1)  

Agenda de un fin de semana agitado

 

Jaques Tati. El Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49) presenta durante todo el fin de semana uno de los ciclos más importantes del año, dedicado tanto a los chicos como a toda la familia: una completa retrospectiva del gran Jaques Tati, titulada “Días de fiesta”. “Seis largometrajes escritos y dirigidos por este comediante y realizador de una originalidad absoluta, considerado uno de los grandes maestros de la historia del cine. Se verán copias 35mm restauradas por la Cinemateca Francesa y enviadas especialmente desde París para este ciclo. Entre ellas, se destacan la restauración de Las Vacaciones del Señor Hulot (1953), y Parade (1974), el film más extraño y menos conocido de toda su obra, nunca estrenado en Argentina”. A continuación, la programación completa:

 Hoy:

-A las 15:30. “Día de fiesta” (Francia, 1949, 70’), con Jacques Tati y Paul Frankeur. Antes, pasarán el corto “Cuida tu izquierda” (Francia, 1936, 20’), de René Clément, con Tati.

-A las 18. “Las Vacaciones del Señor Hulot” (Francia, 1953, 96`), con Tati.

-A las 20:30. “Mi Tío” (Francia, 1958, 120’), con Tati.

-A las 23. “Playtime” (Francia, 1967, 123’), con Tati y Barbara Dennek. También pasarán “Clase nocturna” (Francia, 1966, 30’).

 Sábado:

-A las 15:30. “Traffic” (Francia, 1971, 100’), con Tati y Marcel Fraval.

-A las 18. “Parade” (Francia, 1974, 75’), con Tati y Karl Kossmayer. También pasarán “Escuela de carteros” (Francia, 1947, 16’).

-A las 20:30. “Día de fiesta” (Francia, 1949, 70’) y “Cuida tu izquierda” (Francia, 1936, 20’).

-A las 23. “Las Vacaciones del Señor Hulot” (Francia, 1953, 96`).

 Domingo:

-A las 15:30. “Mi Tío” (Francia, 1958, 120’).

-A las 18. “Playtime” (Francia, 1967, 123’) y  “Clase nocturna” (Francia, 1966, 30’).

-A las 21. “Traffic” (Francia, 1971, 100’), con Tati y Marcel Fraval.

-A las 23. “Parade” (Francia, 1974, 75’) y “Escuela de carteros” (Francia, 1947, 16’).

Ver nota de Roger en: http://ojosabiertos.wordpress.com/2010/07/07/jacques-tati-en-cordoba/

Ciclo Menjunje. Hoy a las 20:30, se abre un nuevo ciclo en el Cineclub La Quimera (Pje. Escutti y Fructuoso Rivera). El ciclo denominado “Menjunje” es programado por: Eva Bianco, Jorge Cuello, Pablo Sironi y Roberto Videla, personalidades invitadas del escenario artístico cordobés. Así hoy a las 20:30 se presentará “Openning Night” (EE.UU., 1977), de John Casavettes. Con entrada gratuita.

Cine y Humor. El Cine Teatro Municipal Riadavia, del Espacio INCAA km 725  (Av. San Martín 1505), de Unquillo, auspicia la Primera Muestra de Cine y Humor, que tendrá lugar desde mañana y hasta el 18 de julio. La muestra “busca convertirse en una ventana para mirar el humor en nuestro cine nacional”, se adelanta. La muestra plantea caminos a recorrer a través de maneras que nos invitan a pensar la compleja trama del humor y sus diferentes aristas, brindando un pantallazo y para todos los gustos: “humores clásicos” (que agrupa diferentes obras que han trascendido y están inscriptas en la  memoria del cine argentino), “humores de familia” (películas en las que el eje son las singulares relaciones del grupo familiar) “humores para llorar” (donde ingresan la comedia dramática y el humor negro), “humores de edad temprana” (filmes que tienen como eje el paso de la adolescencia a la adultez), “humores clase B” (en la que el humor va de la mano con lo bizarro) “humores documentales” (el humor es el hilo conductor del registro documental), “humores infantiles” (cine infantil) y finalmente una sección de cortometrajes cordobeses que expresan diferentes miradas sobre lo que significa la sonrisa en Córdoba: “humores cordobeses”. Las funciones tendrán lugar desde mañana, en los horarios de las 15, 17, 19, 21, 22:30 y 24, con entrada general a 5 pesos, jubilados y estudiantes a 2,50. Ver programa en http://www.cineunquillo.blogspot.com

Teatro Córdoba. El Cine del Teatro Córdoba (27 de Abril 275) vuelve a traer un programa doble para los cinéfilos de la ciudad, desde hoy y hasta el próximo domingo. Así, a las 18:30 y 22:40, se presentará “La cinta blanca”, de Michael Haneke (Alemania, Austria, 2009, 144 min.), uno de los filmes más celebrados del año. “La cinta blanca del título es, sobre todo, la marca de la mortificación: la insignia humillante que el amo impone a quien desobedeció sus leyes implacables, la señal que revela la existencia de un régimen despótico que no admite indisciplinas. De eso habla el sombrío, enigmático y perturbador filme de Haneke: de la opresión y de los efectos que ella acarrea”, se adelanta. En el medio, en el horario de las 21:05, repondrán un clásico: “No matarás”, de Krzysztof Kieslowski (Polonia, 1988, 84 min). Las entradas cuestan 7 pesos para los socios (la primera función de hoy cuesta 7 pesos para todos). 

Con los ojos abiertos. El domingo continúa la temporada del Cineclub Con los Ojos Abiertos, que dirige el crítico y programador Roger Alan Koza, en el Teatro Alejandro Giardino, de Villa Giardino. Para la oportunidad, en el ciclo “Encuentro con el nuevo cine mexicano”, a las 20 pasarán “Los bastardos”, de Amat Escalante (México, 2008). “Los bastardos transcurre en California, y sigue la vida de dos inmigrantes ilegales que trabajan azarosamente en la construcción hasta que un día finalizan su jornada con una noche de catarsis. Escalante tiene buen ojo. El primer plano, de unos cinco minutos, indica que hay un director con una voluntad consciente de proponer una concepción formal específica”, se adelanta. Antes, se proyectará el cortometraje “Los tambores de antaño”, de Jean Rouch, (Francia, 1971).

Vampyr

Cinéfilo Bar. El Cinéfilo La Rueda Bar (Bv. San Juan 1020) volvió a las andadas con sus imperdibles ciclos de cine, y hoy a las 21 continúa el Cineclub B de bizarro, con el ciclo “Pacto de sangre: historias de vampiros”, en el que pasarán “Vampyr”, de Carl T. Dreyer (Francia/Alemania, 1932), y “Dracula”, de Todd Browning (Estados Unidos, 1931). Mañana, en tanto, continúa el nuevo programa titulado “Eric Rohmer: Epifania de la vida cotidiana”, organizado por Alexis Cabrolié. Así, a las 21 se proyectará “Cuento de invierno”, de Eric Rohmer (Francia, 1992). El sábado a las 21:30, en tanto, el Cineclub Fantasma inicia un nuevo ciclo titulado “Escena, acción, corte”, en el que proyectarán “Diálogos de exiliados”, de Raúl Ruiz (Chile/Francia, 1975), con los diálogos coordinados por Ramiro Sonzini y Martín Alvarez. También hay bar con tragos y comidas, además de propuestas musicales después de hora.

Pasión de los fuertes. El Cineclub Pasión de los Fuertes, dirigido por el crítico y programador Alejandro Cozza, se encuentra a pleno en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), esta vez con un ciclo dedicado al gran Luchino Visconti. Así, el sábado a las 18:30 pasarán “Noches Blancas” (Italia, 1957, 97’), con Marcello Mastroianni, Jean Marais y Maria Schell. La cita es con un bono contribución de 3 pesos como entrada, socios gratis.

Cine debate. El Espacio Cultural Bataclana (Arturo M. Bas 1083, de Bº Güemes) retoma el domingo su ciclo de Cine-Debate, organizado por diferentes grupos de difusión alternativa de cine y audiovisuales que intentan ofrecer una mirada sobre el Bicentenario. “No una mirada chauvinista y apologética, sino crítica y comprometida con nuestra realidad histórico social”, se adelanta. Así, a las 20 el colectivo La Cinta Corta (www.lacintacorta.com) pasará “Yawar Malku (Sangre de cóndor)”, realizada por el Grupo Ukamau y dirigida por Jorge Sanjinés (Bolivia – 1969).

Published in: on 8 julio, 2010 at 19:23  Dejar un comentario  

Hadewijch. Entre la fe y la pasión

Una experiencia religiosa

El tiempo de las vacaciones infantiles ya llegó y las carteleras cinematográficas de los grandes complejos presentan un panorama desalentadoramente monótono, dividido entre el oscurantismo frívolo y pretenciosamente pop de Eclipse, y el melodrama telenovelesco de La última canción (hasta ahora lo único que se salva es la tercera parte de Toy Story). Ambos filmes constituyen extraños (y perversos) modelos de vida para los adolescentes e infantes modernos, cuya subjetividad se ve bombardeada por imágenes de cuerpos esculturales, rostros similares y conciencias vacías, absolutamente desligadas del mundo en que vivimos. Se trata de una educación cinematográfica y también política para nada inocente, que va moldeando un tipo de conciencia específica, capaz de contemplar un solo gusto y de concebir un único estilo de vida, por más que las realidades de este sur del mundo sean inconmensurablemente distintas. Lo cierto, en todo caso, es que los desvelos y las realidades de la vida adolescente suelen estar bien lejos de lo que reflejan estos filmes, por más hegemonía cultural hollywoodense que exista en el mundo. Así como que el buen cine no se suele encontrar en los grandes complejos cinematográficos. Para muestra, basta reparar en el tercer estreno de la semana, presentado únicamente en el Cine Teatro Córdoba de la calle 27 de abril (por lo que ya se encuentra fuera de cartelera, aunque próximamente se podrá encontrar en los videoclubes), un filme capaz de hundirse verdaderamente en la adolescencia y mostrar otros modos de existencia, no menos polémicos por cierto.

Se trata de la última película de Bruno Dumont, un cineasta reconocido en los mejores festivales del mundo, acaso uno de los pocos descendientes directos del gran Robert Bresson, y cuya obra (aún más su personalidad) ha tenido siempre la capacidad de generar pasiones, tanto en contra como a favor. Lo cierto es que con Hadewijch (traducida como Entre la fe y la pasión), el director de La vida de Jesús y Flandres (ésta última editada aquí por el sello 791CINE), compone una de sus películas más accesibles y al mismo tiempo más urticantes, de mayor actualidad, pues aborda el fanatismo religioso y el fundamentalismo concomitante. Su protagonista es una adolescente de clase alta que siente un fervor religioso extremo. Pese a su entrega absoluta a Jesús, la joven Celine (Julie Sokolowski, de gran expresividad) será expulsada de la orden religiosa que integra precisamente por su comportamiento extremo, que incluye no alimentarse y no abrigarse en el crudo invierno. La joven deberá regresar así al mundo secular, a la exclusiva (pero no menos fría) mansión de sus padres en el centro parisino, y a una existencia que vislumbrará cada vez más asfixiante ante lo que percibe como una lejanía de su contacto con Dios, al que vislumbra como único dueño, tanto de su alma como de su cuerpo. Ya en París, conocerá a un joven palestino que primero pretenderá cortejarla, luego se convertirá en su amigo, y finalmente la acercará a un grupo islámico que no hará más que potenciar el fanatismo de Celine, capaz de concebirse ahora como un “soldado del señor”.

No hay sin embargo juicio alguno ni tampoco bajadas de línea en Hadewijch; más bien lo que pretende Dumont es entender la experiencia mística y relacionarla con la soledad de la adolescencia moderna: Celine es un ser a la deriva, escindido entre su ideario religioso, su vacío existencial y los impulsos de su cuerpo. De allí que su experiencia religiosa adquiera progresivamente un tinte cada vez más erótico, mostrando cómo las religiones obligan a sublimar el deseo en Dios. Hadewijch deviene entonces en un estudio detallista de la religiosidad, que consigue explorar tanto sus costados más sublimes como los más atroces, aunque siempre con sumo respeto, hasta se diría con ternura en relación a los personajes. Formalmente delicada, la película hace gala en su puesta en escena de un ascetismo propio del tema que aborda, y la estructura general alterna hermosísimos planos generales de la campiña francesa con planos cercanos al rostro y el cuerpo de Celine, dándole un curioso tono donde se impone la materialidad de los sujetos, traduciendo acaso aquello que se mueve en el interior de ése cuerpo en rebeldía. Esa rara belleza formal remite directamente al cine de Bresson, con quién esta película mantiene un diálogo indiscutible, ya que puede entenderse como una relectura de Mouchette (1967), aquella genialidad del director francés.

Por Martín Ipa.

Published in: on 6 julio, 2010 at 22:44  Comments (1)