Buen Pastor, una fuga de mujeres

Contra la política del olvido

 

El cine cordobés viene teniendo una semana para el recuerdo, ya que por una vez se ha estrenado un largometraje local en un complejo cinematográfico del circuito comercial (los cines Gran Rex), donde se seguirá proyectando hasta el miércoles inclusive, en el único horario de las 21. Para mayor felicidad, se trata además de una gran película, sensiblemente más valiosa que todos los demás estrenos de la semana (que no son pocos, seis en total, la mayoría de una misma cinematografía, usted adivinará cuál), empezando por el simple hecho de que propone reflexionar sobre nuestro tiempo y nuestra historia, un objetivo bastante más digno que el que anima a la mayoría de películas que cada semana copan nuestras carteleras y forman un tipo de espectador específico, educado a su propio gusto y necesidades comerciales.

Y no parece casual que Buen Pastor, una fuga de mujeres, se proponga justamente lo contrario: una contra-pedagogía cinematográfica tal vez, que intente desnaturalizar ciertos lugares comunes de nuestra sociedad, dar batalla contra la política (interesada) del olvido, y rescatar testimonios para mantener viva nuestra memoria histórica. Filme de naturaleza esencialmente colectiva, dirigido a cuatro manos por Matías Herrera Córdoba (responsable de la multipremiada Criada) y Lucía Torres, con la colaboración de la productora de Cine El Calefón y el colectivo de Ex Presas Políticas del Buen Pastor, la película en cuestión es además una lúcida reflexión sobre el espacio público como reservorio de la memoria, o de cómo nuestro contexto existencial ayuda a sostener el recuerdo de nuestra historia, y cómo puede borrárselo fácilmente.

Las protagonistas de este documental de carácter testimonial son algunas de las 26 presas políticas que en 1975 se fugaron de la cárcel de mujeres de Córdoba, instalada en el Buen Pastor, que ya funcionaba entonces como recinto de detención de militantes políticos, anticipando la era del terror y muerte que vendría con el proceso militar. A través de sus testimonios (tomados en parte de la tesis Memoria del fuego: violencia y política en las experiencias de lucha de los `70, de Mariana Tello, también co-guionista de éste filme), más un abundante material de archivo y filmaciones propias, Herrera Córdoba, Torres y compañía van reconstruyendo no sólo las experiencias íntimas de estas mujeres en aquella fuga y los años previos, un material imprescindible para contrarrestar el discurso dominante de los sectores conservadores (y sus búsquedas de impunidad), sino también la memoria colectiva de nuestra sociedad. Es que en el filme hay una conciencia absoluta por parte de los directores de la importancia del espacio público en la construcción de la memoria: casi todas las entrevistas se realizan en el Buen Pastor, con las protagonistas tratando de reconstruir lo que vivieron en esos años, a veces infructuosamente por los cambios en la arquitectura del lugar, que se ven reflejados también con material de archivo que muestra el pasado de ése emblemático espacio para la memoria, hoy transformando en un centro comercial inocuo, fuera de la historia, absolutamente descontextualizado y despolitizado. Las consecuencias de esta política se ven desde el inicio: una transeúnte es entrevistada con el nuevo paseo de fondo, y recuerda el episodio como “una fuga en el tiempo de los extremistas”. Desde entonces, los directores buscarán desnaturalizar esa construcción lingüística arraigada en el imaginario social gracias al periodismo cómplice, y uno de sus grandes logros será precisamente el de recuperar la humanidad de ésas mujeres valientes, casi todas madres y trabajadoras, comprometidas con su tiempo y víctimas de una política demencial.

Por lo demás, la capacidad técnica de éstos jóvenes directores está reflejada en el montaje: jamás una voz en off indicará una lectura específica al espectador (apenas hay algún escrito sobre hechos específicos), más bien se trata de reconstruir un gran rompecabezas de manera colectiva, a través de testimonios, archivos, nuevas imágenes y sonidos (con una gran banda musical a cargo de Jenny Nager), armando quizás una lectura específica más no absoluta, y dejando al espectador la posibilidad de juzgar por sí mismo. Hay también algunos pasajes reveladores: la omnipresencia de monjas en los materiales de archivo insinúa una complicidad nunca asumida de frente por la Iglesia Católica, las bellísimas tomas generales de la inauguración del nuevo paseo (denominación más nefasta no podría pensarse) contrastan con los planos detalle de algunos rincones que aún revelan su pasado histórico; y los fuegos artificiales subiendo al cielo en la última escena son la mejor síntesis de la película: allí se va nuestra historia, perdida en medio de fantásticas luces de colores que vienen a fundar el olvido.

Por Martín Iparraguirre

Published in: on 14 junio, 2010 at 17:12  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2010/06/14/buen-pastor-una-fuga-de-mujeres/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: