Lejano

Tratado sobre la soledad

 

Mientras las carteleras de nuestra ciudad se ven dominadas por el militarismo ridículo y demencial de un país que paradójicamente se cree el paladín de la paz mundial (con Iron Man 2 y Furia de Titanes, las más vistas), el buen cine sigue palpitando lejos de su hábitat natural, condenado, si tiene suerte, a exhibirse fugazmente en algún cineclub independiente o a estrenarse directamente en DVD. Pero acaso la crítica no tenga otra razón más importante de ser que la de buscar, promover y difundir ése otro cine que permanece sistemáticamente oculto para el gran público, aunque sea yendo a esos templos paganos de amor cinematográfico que son, bien que cada vez menos, algunos (pocos) videoclubes.

Lejano es el último despropósito de la cultura de distribución local: estrenada hace unas semanas en el Cine Teatro Córdoba, con ocho años de demora, sólo pudo estar un fin de semana en cartelera, y pasó directamente a DVD. Todo a pesar de que se trata del filme más elogiado de un director de renombre internacional, el turco Nuri Bilge Ceylan, un número fijo en los mejores festivales internacionales, y cuya tercer película lo consagró por primera vez en Cannes allá por 2002, con el Premio Especial del Jurado (el primero de varios que se llevaría en el prestigioso festival).

Relacionado por su estética con el cine del gran Michelangelo Antonioni, Ceylan construye en Lejano un verdadero tratado sobre la soledad en el mundo contemporáneo, a partir de la relación entre dos hombres que se reencuentran luego de mucho tiempo y que deben convivir bajo el mismo techo. La trama, que no es más que lo reseñado, se centra en Yusuf (el actor no profesional Emin Toprak, primo del director, fallecido poco después del rodaje), quien viaja a Estambul en busca de trabajo, tras el cierre de una fábrica en su pueblo rural. Irá a parar con sus huesos al amplio departamento de un primo, Mahmut (Muzaffer Özdemir), un exitoso fotógrafo profesional que goza de una buena posición económica, aunque para ello parece haber resignado sus aspiraciones artísticas. Pronto, se revelará que la convivencia no es sencilla: las diferencias de clase, culturales y de personalidades entre ambos comenzarán a molestar a Mahmut, quien además se encuentra en su propio transe por el divorcio con una mujer que está por mudarse a Canadá, y parece vivir en un estado de fuerte alienación. Los problemas se intensificarán porque Yusuf, que sueña con viajar y conocer el mundo, no logra encontrar trabajo, y tampoco tiene a quién recurrir. La apuesta pasará por ver cómo estos dos seres a la deriva pueden superar la distancia que los separa, aunque vale advertir que la visión de Ceylan no es precisamente optimista, ya que no hay concesiones gratuitas en Lejano. 

El minimalismo de la trama traduce una concepción cinematográfica precisa, que se ve reflejada en la apuesta formal de la película: sus largos planos medios y generales, casi siempre con encuadre fijo, permiten ubicar la atención en los detalles, reconstruir el itinerario íntimo de sus personajes, significar sus gestos y actitudes. Se trata de una película hecha de climas, que desdeña los diálogos y apuesta a la imagen para traducir la angustia existencial de sus protagonistas, lo que constituye todo un riesgo en el cine contemporáneo. Acaso estemos ante un director que entiende al cine como un lenguaje particular, y por eso intenta aprovechar al máximo las diferentes dimensiones del plano, componiendo encuadres de una rara simetría, que permiten explorar la profundidad de campo. Pero para muchos el mayor logro formal está en la fotografía: la belleza con que está filmada esa Estambul siempre nevada y en eterna nostalgia es notable, y sirve para traducir los sentimientos más íntimos que viven nuestros protagonistas. Hay también un fuerte tono autobiográfico en la película, admitido por el propio director, no sólo porque él fue un fotógrafo como Mahmut, sino porque usó a su propia casa como escenario, a su primo y su madre como actores, y porque el propio Ceylan fue el encargado de escribir el guión, dirigirla, producirla y encargarse de la fotografía y la edición.

Por Martín Iparraguirre

Published in: on 4 mayo, 2010 at 15:32  Dejar un comentario  

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